jueves, 15 de diciembre de 2011

Love, actually



     Por razones que no viene al caso comentar por esta vía, durante la última semana se me ha venido mucho a la memoria esta película que, sin estar en mi lista de favoritas, me dejó varias imágenes marcadas en la retina. Una de ellas esta, la del pobre infeliz del "without hope or agenda" que entrega el corazón en una serie de seis o siete carteles delante del portal de su amor imposible. 

     La vergüenza, el sentido del ridículo y la certeza de que la vida real no funciona como en el cine, evitan que una se entregue a la loca idea de hacer un performance similar (eso, y las posibilidades de acabar dando explicaciones a la Guardia Urbana, claro)...Y es que qué carajo, es Navidad, y como bien pone uno de los cartelitos de la escena: "at Christmas you tell the truth". 

     Así que dicho esto, sólo me queda desear feliz Navidad adelantada a los lectores de Punto de G, especialmente a los que viven valiente, fantástica, ridícula, ilógica, cinematográfica pero sobre todo pendejamente enamorados. El amor hace que el mundo sea un lugar mejor. 

Merry Christmas!

sábado, 26 de noviembre de 2011

Magic


Books are a uniquely portable magic” (Stephen King)


(dedicada a los que son capaces de ver la magia en todas partes y sueñan con ponerla en práctica a través de las palabras - Feliz sábado)

domingo, 6 de noviembre de 2011

I ♥ NY





"And it was to this city, whenever I went home, that I always knew I must return, for it was mistress of one's wildest hopes, protector of one's deepest privacies. It was half insane with its noise, violence, and decay, but it gave one the tender security of fulfillment..."  W.Morris

(Porque siempre hay que agradecer cuando podemos volver a un lugar que nos inspira ¡feliz semana para todos!)

domingo, 30 de octubre de 2011

Witch Brew



"I will show you a love potion without drug or herb, or any witch's spell; if you wish to be loved, love."

(Feliz Halloween para todas las brujas que se dejan caer por aquí...porque saber ponerle magia a la vida es un gran motivo para celebrar)

Bad Pet


    

    A quien pueda interesar,

    La presente es una carta abierta, ya que no sé exactamente a quién dirigirme para hacer la devolución que hoy me ocupa. De existir un lugar para este tipo de "Objetos Perdidos" probablemente intentaría iniciar mi gestión allí, pero creo que lo que intento devolver no está clasificado exactamente como un "objeto". Y aunque así fuera, pienso que quien lo abandonó a su suerte hace ya tantos años delante de mi casa no debe estar particularmente preocupado por recuperarlo. Todo lo contrario: este es el tipo de cosas que mientras más lejos las tengas, mejor estás.

    Pero divago. Intentaré ceñirme estrictamente al tema de la devolución en cuestión, que es lo que me interesa.

    A lo largo de aproximadamente unas tres décadas -año arriba, año abajo- he sido responsable del cuidado y manutención de un extraño animal cuyo nombre auténtico no conocía, pero al que por lástima primero y por costumbre después comencé a llamar "Amor". 

    Yo no lo busqué y sinceramente no sé si él me buscó a mí. Pienso que no. Pero tengo claro que él y mi adolescencia llegaron prácticamente de la mano una mañana de marzo hace ya mucho tiempo y a partir de ese día esta mascota involuntaria me ha acompañado en prácticamente cada paso de mi vida. Ha sido el sonido triste de sus ronquidos el que me ha arrullado en momentos de desconsuelo, el paso de sus patitas lentas el que me ha indicado el camino a seguir cuando he tenido dudas y sus ojos saltones y llorosos los que han sufrido conmigo todas las penas amorosas que he padecido desde que entré en el juego de encontrar pareja. Ha sido una larga carrera juntos en la que hemos vivido no pocas aventuras y despechos, pero, recientemente me di cuenta que nuestros caminos se tienen que separar. En otras palabras menos poéticas, quiero devolver al condenado bicho.

    Probablemente se preguntarán cómo soy capaz de abandonar a una criatura que me ha acompañado fielmente durante tanto tiempo y hasta habrá quien piense que soy una desalmada. Permítanme explicarme por favor. Las razones que me han llevado a tomar esta decisión son varias, pero creo que la más contundente es que las costumbres y manías de este animal sencillamente me sobrepasan. Este "Amor" no se parece en nada a mí; es celoso, inseguro, se dedica a hacer trastadas por mi casa (muchas de ellas irreparables) y lo peor de todo, con los años ha terminado por adueñarse de mis reacciones y de mi criterio. El vaho de su aliento de mascota cansada me nubla la vista y cuando se acerca para darme cariño no me achucha ¡me aprieta! lo que muchas veces me impide respirar con tranquilidad.

    Le he llamado "Amor" durante mucho tiempo porque así lo he querido, en un intento vano de creer que es el nombre que le corresponde. Pero sus costumbres de fiera triste y  desconfiada y esos colmillos largos que saca de vez en cuando poco o nada tienen que ver con el noble sentimiento que me inspiró a llamarlo así. De hecho, he investigado un poco y creo que he reconocido en un libro de zoología a unas bestias muy parecidas a él que pertenecen a una  especie peligrosísima llamada "apegos". Por lo que he leído son bichos de aspecto engañosamente inofensivo a los que hay tratar con sumo cuidado, porque no reconocen amo alguno y en situaciones de crisis son capaces de pegar un zarpazo sin más, especialmente en zonas sensibles como el corazón o la yugular misma. Si esto es así, no puedo seguir compartiendo mi casa con un animal que en cualquier momento puede perder el control y atacarme. ¡Es lo que me faltaba!. Así que con cierta tristeza pero también con mucha seguridad de que lo que estoy haciendo es lo mejor, dejo libre a esta mascota eterna que pensé se quedaría tumbada vigilante al pie de mi cama hasta el fin de mis días.

   Dejarlo ir no es sencillo. Es complicado asumir que he sufrido por gusto cuidando de él durante todo este tiempo y aceptar que lo que yo llamaba "Amor" resultó ser un vulgar "apego". De vez en cuando seguramente me dará mono y saldré a buscarle por la calle o puede que el puñetero sepa el camino de regreso a casa y se instale pacientemente en el jardín, esperando a que yo dé un paso en falso y vuelva a necesitar su abrazo asfixiante… Pero sí espero tener la fuerza de voluntad suficiente para verlo de lejos nada más, y no acomodarlo otra vez en mi habitación, ni hacerle caso a sus ruiditos de mamífero lastimero o  caer en la trampa de sus ojos llorones. Lo mío con este jodido "apego" se terminó y toca escribir la siguiente página buscando un "Amor" de los de verdad, de esos que he leído se alimentan de confianza y pueden andar sueltos por casa o hasta irse a dar un paseo solos sin generar destrozos o romper corazones. 

   Así que, expuesta esta historia que espero no haya resultado excesivamente dramática (es uno de los efectos nocivos que genera esta criatura: todo lo que toca adquiere un tinte lacrimógeno enseguida) hago entrega oficial de este particular ejemplar a la comunidad para quien considere que es un placer gozar de su compañía. Me consta que muchos de mis vecinos sienten auténtica pasión por la crianza de animales peligrosos y puede que pronto consiga un nuevo hogar con alguno de ellos. Lo devuelvo a la calle y al mundo para que corra, salte y encuentre otros corazones trastornados con los que jugar y que le alimenten. Porque yo, muy señores míos, estaré ocupada a partir de este momento buscando un ejemplar de "Amor" auténtico y con certificado de pedigree, que le haga honor al nombre que por tantos años llevó sin merecer el puñetero "apego" que tan injustamente entretenida me ha tenido.  



sábado, 8 de octubre de 2011

10


   
   Esta semana hace una década ya que vivo en Barcelona. O lo que es lo mismo: contando hasta ayer    -que es la fecha que aparece sellada en mi pasaporte como primer día oficial en España- han pasado tres mil seiscientos cincuenta y tres días, para ser más exactos. 

   Normalmente para festejar esta fecha, que para mí tiene el valor equivalente al de un cumpleaños, escribo un post con recuerdos o momentos especiales que han formado parte de ese período e incluso en una ocasión llegué a hacer una lista de las cosas que he acumulado desde el momento en que planté mis dos maletas de 20 kilos cada una en el suelo del aeropuerto de El Prat y no tenía mucha idea de lo que iba a ser mi vida a partir de allí. Pero esta vez, mira tú por donde, mi reflexión es un poco diferente. 

   Diez años no pasan en balde y una -quiera o no- va madurando. Tras hacer las sumas y las restas correspondientes intentando crear una lista más o menos memorable para celebrar esta aniversario, me di cuenta que el regalo más precioso que tengo y también el más digno de ser festejado es el aquí y el ahora. Mi hoy. Lo que me hace feliz en este momento exacto, sin pensar en lo que se ha quedado atrás (sea malo o bueno) y sin analizar o intentar adivinar lo que trae el futuro, que al fin y al cabo aún no existe. 

   Así que sin más preámbulos, aquí va este striptease en forma de lista con las diez instantáneas que dibujan mi presente perfecto:

1. Vivir en Gràcia, mi barrio favorito, en un piso donde por fin logré pintar una pared color rojo fresa e intento (con un margen de éxito discutible...) mantener vivas las plantas de tres macetas que toman sol en mi balcón. 

2. Trabajar en lo que me gusta, ni más ni menos. Con un equipo estupendo, una jefa y varios compañeros a los que admiro y en una empresa bastante singular donde aprendo una cosa nueva cada día. 

3. Haber descubierto el yoga y la meditación, mi nueva adicción. Un lujo poder ir a clases dos veces a la semana y lo mejor de todo, a solo a tres calles de casa.

4. Mis amigos y amigas; algunos nuevos y otros muy antiguos. Con unos comparto media vida, con otros la pasión por los libros y las letras, hay algunos que están muy cerca y otros a los que me toca visitar vía Skype o BB Messenger, pero todos sin excepción son valiosos para mí. 

5. Tener al mejor roomie del mundo y poder contar varias veces vez al año con la visita de la gente que más extraño: mi familia. 

6. Los pequeños grandes rituales que mantienen activa mi inspiración: escribir por las mañanas mientras desayuno, tomar café en el balcón, leer por las noches antes de dormir, observar a la gente en la calle o el Metro, ir al cine, apuntar las ideas en mi manoseada libreta negra, viajar, mirar el mar...

7. Mis sobrinos putativos: Z, L y K, que está en camino. 

8. Inventar una historia a cuatro manos con un corazón pirata y aficionado a los silencios, que me regala un puerto secreto y hecho a mi medida para refugiarme de las tormentas.

9. Pasear, da igual por donde: Gràcia, el centro, la playa, l'Eixample. Simplemente adoro las calles y plazas de Barcelona.  

10. Poder escribir, sobre todo en este blog. Y lo mejor de todo: saber que hay gente que lo lee :-) 

miércoles, 21 de septiembre de 2011

La Peste del Insomnio



"Así continuaron viviendo en una realidad escurridiza, momentáneamente capturada por las palabras, pero que había de fugarse sin remedio cuando olvidaran los valores de la letra escrita."

(Gabriel García Márquez. Cien Años de Soledad)




¿Esto del insomnio es una peste de puro olvido como la que sufrió Macondo, o será que hay escasez de sueños y los pocos que hay no alcanzan para todos?


¿Hay más soñadores que sueños disponibles? ¿O quizás no se trata de una escasez generalizada, sino de un simple problema de auto abastecimiento personal? Que algunos nos pasamos tanto tiempo soñando cosas, imaginando historias y amores, que llega un momento en que por lógica se agotan las existencias...Y cuando eso pasa ¿qué se puede hacer? ¿hay algún sitio donde se pueda reponer stock? ¿cuánto cuesta esto? ¿es viable hipotecar el alma para poder seguir soñando? ¿o es preferible asumir el insomnio con lucidez y resignación?


Quizás lo que necesitamos no es un somnífero que nos atonte las ideas y nos libre de todo mal como seguramente recomendarías los más enterados, sino un antídoto contra la desesperanza, o mejor aún, un remedio como el de Aureliano Buendía, que nos ayude a espantar los estragos del olvido y la soledad a punta de palabras, aunque sólo sea un rato...

domingo, 18 de septiembre de 2011

Cambio de armario



"A life without love is like a year without summer"


Summertime




   Aquella mañana de septiembre el cielo amaneció blanco y las cosas parecían envueltas por un velo invisible de silencio, como si el mundo fuese un enorme juguete mecánico al que se la había acabado la cuerda de repente. Parecía que el tiempo se hubiese detenido: ni los pájaros, los coches o los abuelos hablando en la plaza quebraban la solemnidad de aquel temible aunque esperado giro que había dado la realidad a traición mientras todos dormían. Algo había cambiado y aunque ninguno de los habitantes de aquella ciudad se atrevían a decirlo en voz alta, todos reconocían en aquel manto algodonoso hecho de puras nubes la primera señal de lo inevitable. 

   Los más madrugadores fueron los primeros en ponerse en marcha. Algunos corrieron a la playa con sus niños y sus perros, negándose a asumir lo que estaba ocurriendo, y otros  -mucho más meticulosos y organizados- decidieron invertir la jornada en enfrentarse con las rebecas, jerséis, botas y calcetines que esperaban pacientemente ser utilizados desde hace meses. A mediodía la calle se llenó de chubasqueros y chaquetas, mientras algún despistado aún desfilaba en chanclas y con la toalla de playa enrollada a la cintura, tiritando de frío. Las terrazas de los bares se poblaron de un terco ejército de hombres y mujeres que desafiaba aquel cambio a punta de pura fuerza de voluntad, y los bancos de las plazas sirvieron de refugio para muchos enamorados recientes que se sentaron a mirar el cielo amenazante sobre sus cabezas, sin poderse creer que su amor -inventado hace dos días-  estaba a punto de experimentar un cambio de estación al que no sabían si serían capaces de sobrevivir. 

   Las horas fueron pasando en medio de una calma tensa y fría que todos intentaban ignorar mientras se dedicaban a sus pequeños rituales de despedida. Se improvisaron barbacoas, se limpiaron terrazas y balcones, se guardaron tumbonas y sombrillas. Se vaciaron piscinas, se cambiaron los armarios, y los maniquíes de las tiendas se vistieron con abrigo y bufanda. Se apagó la música, se retiraron carteles desteñidos y cuarteados por el sol y una alfombra de hojas secas empezó a cubrir poco a poco las calles en las que los niños ya no iban persiguiendo una pelota, sino que arrastraban una mochila llena de libros. Se desempolvaron radiadores y paraguas. Se resumieron nostalgias, se editaron recuerdos y se repasaron álbumes de fotos tomadas apenas hace unas semanas, mostrando unas imágenes que parecían venir de otro mundo y retratar a otra gente, mucho más feliz y despreocupada que aquella multitud que hoy caminaba sin rumbo, silenciosa y melancólica, sin ánimo de asumir lo que estaba a punto de pasar. 

   El desenlace de aquel día memorable llegó poco rato después de la hora de la siesta, cuando el sol logró abrirse paso en medio de las nubes y sin más, se derritió sobre el cielo. Tardó apenas unos minutos en fundirse, como un cubo de hielo, y luego, ya convertido en líquido, bajó chorreando por las paredes y los tejados para cubrirlo todo con un rocío pegajoso y dorado del que era imposible escaparse y que la gente se apresuró a recibir, dándose un baño multitudinario de luz. Daba igual que el termómetro se hubiese disparado durante aquellos benditos minutos de calor; probablemente los últimos que vivirían en muchos meses,  porque todos querían conservar sobre su piel el recuerdo de aquel epilogo en forma de chorro luminoso que hacía oficial lo que sabían desde primera hora de la mañana pero nadie quería admitir: el verano -y con él, la mejor parte de si mismos- se había terminado. 

miércoles, 7 de septiembre de 2011

3.000 is a magic number


  

   Se dejó caer como quien no quiere la cosa. 

   Además, sospecho que llegó desde Google, y era uno de esos que se marchan decepcionados tras escribir "punto g" en la barra de búsqueda y darle al botón "I'm feeling lucky" sin saber que los caminos de Internet lo traerían hasta aquí. Puede que haya sido uno de los fieles -pocos, pero los hay- que recibió un aviso de actualización el lunes por la tarde y quiso saber más sobre "Una Chica que lee". O es probable que se tratase de uno de los lectores secretos que tengo, a los que no les gusta que se sepa que sigue un blog plagado de florecitas color rosa y textos que hablan de amor. Con un poco de suerte fue un seguidor nuevo, que aterrizó aquí siguiendo "La Ruta de los Elefantes" (que hasta ahora sigue siendo mi entrada más leída, aunque a mí me gusta más "Instrucciones para guardar un recuerdo") y luego se quedó un rato aprendiendo sobre "Electrónica Necesaria", conociendo los detalles de "La Revuelta de las Misses", descubriendo a Marina -la protagonista de "La Cita de los Jueves"- o leyendo el ultimátum de "Descerebrada". Lo cierto es que no sé quién fue ni desde cuál de los 41 países que aparecen en mi estadística de tráfico se conectó, pero el hecho es que esta semana el Punto de G alcanzó sus primeras 3.000 visitas. 

   Viniendo como vengo de un ambiente laboral online, con unos números delirantes a nivel de audiencia, de 8 cifras rotundas que ascienden cada 30 días y generan millones y millones de páginas vistas, tengo claro que este modesta suma de visitas no es mucho; pero ¿qué queréis que os diga?  para mí, que abrí este blog un agosto de hace tres años sin saber muy bien qué haría con él, es una marca importante. 

   Por aquí he festejado mi "cumpleaños español" los últimos dos octubres, he presentado y echado a volar a mis niños "Cuento Atrás" y "VerbiGràcia", y también he drenado despechos, bailado la monotonía y distraído a la angustia en momentos complicados de mi vida. Desde este  pequeño escenario he lanzado decenas de mensajes en botellas y me he adornado el cuerpo con joyas prestadas, he pintado al mundo como me gustaría que fuera y (lo más importante de todo este largo listado) he logrado conectar con gente que sintoniza con lo que escribo. No me canso de decir que ese privilegio es un regalo que me hace sentir inmensamente afortunada...

   Así que parafraseando un poco a Guille (el hermanito de Mafalda)  tengo que decir que me parece increíble todo lo que puede caber dentro de un número tan pequeñito. Y de nuevo debo dar las gracias a todos los que me han acompañado con sus visitas, incluidas las almas distraídas que siguen buscando sin mucho éxito el esquivo secreto del punto g femenino. Cuento con ellos y con vosotros para llegar a la siguiente marca ¡a por lo 4 Mil!

lunes, 5 de septiembre de 2011

Una chica que lee


El siguiente texto me llegó como un regalo y hoy quiero compartirlo como una pista, un acertijo en dos partes destinado a funcionar como aquel rastro de migas de pan que dejó Pulgarcito en el cuento para evitar perderse, solo que mi objetivo no es desandar ningún camino, todo lo contrario, lo que pretendo es ser encontrada en medio de tantas palabras suspendidas. 

Adelanto y aclaro que no son míos. Mucho ojo con esto, que sus respectivos autores están citados al principio de cada parte. Añado también que tuve la suerte de encontrarme con ellos gracias al buen hacer de una revista literaria colombiana (El Malpensante) a la que sigo a través de las redes sociales por recomendación de una lectora. Todos los créditos son suyos y espero que el compartir este material no me meta en problemas. Solo he querido pasar el testigo de un texto que me gustó mucho  y me pareció merecía algo más digno que un simple "RT" en Twitter o un "Like" en Facebook. Espero que lo disfrutéis tanto como yo. 


I


Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)
   Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.

   Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

   Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

   Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas a regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

   Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

   Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

   Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

   No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con Joyce, con Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

II





Sal con una chica que lee (Por Rosemary Urquico)

   Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

   Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

   Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

   Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de 
Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

   Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.

   Por lo menos tiene que intentarlo.

   Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.

   Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.

   ¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga 
Crepúsculo.

   Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

   Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

   Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos 
The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

   Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

  O mejor aún, a una que escriba.


(Para ti. Que sé que me sigues. G*)

sábado, 3 de septiembre de 2011

Instrucciones no incluidas dentro del empaque





"She understood that her heart operated on its own instructions, that she had no control over it or, indeed, anything else."


Jeffrey Eugenides (Middlesex)




(Un pequeño homenaje a los corazones que se saben libres y a uno de mis escritores favoritos, quien por fin publica su nueva novela - The Marriage Plot- el 11 de Octubre. Can't wait!)

miércoles, 17 de agosto de 2011

Capítulo 7



    
   Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

     Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

(Un clásico que me he permitido compartir aunque muchos nos sepamos estos dos párrafos de memoria y los hayamos repetido hasta el cansancio, creo que la magia del Gran Cronopio se siente intacta en cada palabra del Capítulo 7 - Que sirva de homenaje para todos los cíclopes que dibujan bocas llenas de flores o peces y que no temen temblar uno junto al otro, como una luna en el agua...)

jueves, 11 de agosto de 2011

Instant Butterflies


Porque hay momentos en los que es imprescindible tener pájaros en la cabeza y mariposas en el estómago. Y también viceversa. 


Feliz fin de semana largo y feliz cumple al Punto de G, que esta semana hizo tres años.

lunes, 8 de agosto de 2011

Book rules

¿Lunes Felices?



A propósito de ser lunes me puse a buscar una imagen para ilustrar el blog (sí...este gran abandonado que necesita respiración boca a boca urgentemente) y entre tropecientos JPGs de "I hate Mondays" me tropecé con esto. La primera reacción que tuve fue reírme: ¿happy Mondays? sí claro....¿quién se inventó semejante mentira? Los lunes son de resaca, de cansancio, de pereza ante el reto de los cinco días de papeleo, trámites, reuniones, obligaciones y compromisos que se tienen por delante. La sola perspectiva de un lunes por la mañana amarga la noche de los domingos. Vamos, que es un día nefasto. 


Pero es eso: un día. 


No sé sí esto le pasa a todo el mundo (sospecho que sí) pero a eso de las 15.00 ya el lunes no parece tan fatal. Es como si con cada cosa que vamos haciendo a lo largo del día pinchásemos al monstruo y de pronto ya no parece tan amenazador ni letal. Se pasa la resaca, se encaminan las gestiones, se organizan las obligaciones y con algo de suerte las reuniones salen bien o se cancelan (vale, sí...algunas veces las reuniones también se sufren y terminan por mutar, convirtiéndose en una especie de hydra que nos muerde la voluntad con sus siete cabezas. Pero esas son las menos -por suerte-) El chiste es que el lunes no es más que un mal cotidiano, reiterativo, que nos espanta con una periodicidad exacta a la que ya tendríamos que aprender a torear con cierta elegancia...sobre todo porque al fin y al cabo, un lunes es sinónimo de una nueva semana, de oportunidad,  como tener una hoja en blanco lista para empezar a escribir sobre ella, ya sea una historia diferente o la continuación de alguna que empezó varios lunes atrás. También es buen momento para editar, suprimir y directamente darle al botón de "unfollow" o "block this person" en forma real o metafórica. Los lunes todo está por hacer; y aunque precisamente por eso tienen mala fama quizás esta es la razón por la que deberían ser el día más feliz de la semana. Nada huele tanto a nuevo como un día por estrenar. 


Así que trataré de ser un poco más optimista a partir de ahora e intentaré hacer una lectura medianamente alentadora de los lunes. Y si no funciona no pasa nada. El lunes de la siguiente semana puedo volver a empezar. 


Feliz semana. 

viernes, 8 de abril de 2011

About love



Sigo dedicada al libro, pero no pude resistirme a compartir esto porque me pareció una verdad contundente. Feliz finde.

sábado, 2 de abril de 2011

G vuelve a las andadas (literarias)

He estado un poco ausente del blog durante las últimas semanas, pero esta vez ha sido por una buena causa: ¡publico libro!  

En esta oportunidad presento tres relatos en "verbiGràcia", la antología que hemos preparado los alumnos de Relato II del Aula de Escritores , que hemos formado una mini secta de siete personajes decididos a dar el salto triple mortal al mundo de la publicación bajo el nombre de Grupo Paraulata. 

Os invito a seguir nuestro blog donde iremos contando más detalles de nuestros proyectos, empezando por "verbiGràcia". Y si estáis en Barcelona, os espero el Viernes 15 de abril a las 19.00 h en El Corte Inglés de Portal del Angel, donde estaremos presentando a nuestro niño que sale a la venta esa misma noche. 

Gracias por compartir este logro conmigo. Y no lo dudéis ¡habrán mas libros en el futuro!

domingo, 20 de marzo de 2011

Primavera 0



Y ahora estoy aquí, temblando frágil en la multitud. Y la espero...



El título y la frase los escribió uno al que extraño mucho escuchar cantar otra vez (y que algunos de ustedes saben quién es y quizás también echen de menos).

Bienvenida seas primavera, en nombre de todos los que te esperábamos con la sangre alterada fuera de fecha, las ideas en fiesta y el corazón sediento de sol.




(Foto de la primera flor de la estación cortesía de Esther López)