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viernes, 12 de febrero de 2010

1 Canción de Amor y 12 Razones Desesperadas




Lo que sigue después de este breve párrafo de introducción no es apto para todo publico y lo digo en serio. Creo en el amor, he sufrido y sufro las consecuencias de estar enamorada. He pasado en este estado el 95% de mi vida y pretendo que siga siendo así hasta el último de mis días. Junto a las chuches saladas y los zapatos de tacón, el amor es mi droga y soy una adicta confesa con nulas probabilidades de rehabilitación. Escribo, leo y respiro amor a diario, hasta el punto de haberme ganado una reputación de "novelera" que he de confesar me encanta y encuentro harto divertida.


Dejando esto claro clarísimo, es el momento de confesar también otra cosa: Odio el día de San Valentín. Y puedo explicarme. Estas son mis razones:

1- La 'iconografía' de "Valentine's Day" me resulta hortera. Según en dónde y el cómo los corazones no me molestan tanto, pero odio profundamente los cupidos y siento que un día no demasiado lejano los dioses se vengarán de Hallmark y todas las empresas que se han dedicado a convertir al buen Eros en ese angelito ridículo con peluquita de rizos rubios y piernas rechonchas.

2- No puedo con la combinación rojo-fucsia-rosado.

3- Salir la noche del 14F es una pesadilla: todo está lleno..restaurantes, cines, cafés, bares...todo hasta el mismísimo culo. Nada que se tenga que hacer en un lugar atestado de gente puede ser romántico.

4- Encuentro que las muestras de cariño por imposición son terribles. No me malinterpreten, sé de gente que realmente se toma esta fecha en serio y tiene un deseo genuino de festejar el amor hacia su pareja. Pero también sé de otras tantas personas que sufren secretamente, porque se sienten obligadas a montar una pequeña gymkhana para que su "media naranja" no se sienta decepcionada. ¡No hay derecho para que nadie pase por semejante stress debido a una fecha que no marca ningún evento importante en su historia! (sí, historia con minúscula, pero no por ello menos trascendente que su hermana mayor, la que se escribe con una hache de las grandes). Lo dicho, tanta presión es terrible. Lo que me lleva al siguiente punto...

5- San Valentín alimenta una visión distorsionada y poco realista del romance. Alimento que hemos tragado en grandes y poderosas dosis la mayor parte de las mujeres (sobre todo las que hemos nacido del otro lado del charco) gracias al pastel empalagoso del cine made in Hollywood, los culebrones, las novelitas 'chick-lit' y otras municiones mas, todas de mucho calibre. Este empacho de fantasía puede crear expectativas desorbitadas de "porque yo lo valgo" en según qué cabezas. Y en vísperas de la citada fecha, generar una atmósfera de manipulaciones variadas y terrorismo psicológico que son cualquier cosa menos románticas.

6- Y vuelvo a enlazar. Un mega-plan al mejor estilo de producción cinematográfica NO expresa bajo ningún concepto la calidad o magnitud del amor que se siente. En mis primeros meses en Barcelona hubo quien se tomó el trabajo de preparar para mi un recorrido casi casi digno de Amelie, que acabó en un lugar hermoso con un cartel que ponía 'Aquí te espero'. Maravilloso. Extasis total. Explosión de amor. ¡Y un cuerno...! (en realidad mas de uno...nunca llegué a saber la cantidad exacta, pero eran varios) porque este señor tan creativo, interesante y guapo tenía otras muchas Amelies más regadas por todo el patio. Una joya, vamos. Pero eso si, un tipo muy 'romántico'. Si esto es el amor de verdad yo me bajo en la próxima parada, gracias.

7- Aunque esta frase sea un tópico, es real (además, qué mejor fecha para tirar de tópicos que esta...): EL AMOR SE CELEBRA A DIARIO. Si te toca esperar que sea 14F para que te hagan sentir especial tengo el deber de informarte que estás muy jodida/o.

8- Y otro cliché para argumentar: el amor no es patrimonio exclusivo de las parejas que se lo
profesan. Esa es una de las muchas maneras en las que este sentimiento maravilloso se manifiesta...Se ama a los hijos. A los amigos. A los padres. Si me apuras, hasta a las mascotas. ¡Los emparejados no somos los dueños del amor...!

9- No hay derecho para que mucha gente fantástica, guapa e inteligente se sienta discriminada en esta fecha por el simple hecho de ser soltera. Creo que esto es con diferencia lo que MÁS detesto de San Valentín. Y sí, hay un puñado (mínimo, por cierto) de personas a las que realmente he comprobado que el 14F se las trae floja. Pero el tufillo a resignación forzada que precede a la fecha se siente en el aire y es algo que siempre (estando sola o acompañada) me ha parecido muy injusto. Qué suerte vivir en España, en donde a la mayor parte de la gente que conozco de verdad se las repatea esta fecha. No me veo capaz de sobrevivir a un "Valentine's" gringo o maracucho nunca más en mi vida (todavía me estoy reponiendo del último y fue hace nueve años).

10- Vivir en Maracaibo me ha condicionado y es un hecho fundamental para la aversión que me genera SV. NO PUEDO con algunas de las manifestaciones variadas de amor que se prodigan en mi tierra, donde he visto cosas tan abominables como flores 'personalizadas' con los pétalos rotulados ("Te Amo" y "Te quiero" escritos con boli dorado) o esa moda que hay ahora, al mas puro estilo Ikea, en la que el enamorado galán redecora la habitación de la nena con un juego de cama nueva y pétalos, muchos pétalos, peluchitos y GLOBOS. Creo que si alguien me hace esto directamente me pongo a llorar. Y después salgo corriendo.

11- Basicamente, creo que el 'amor verdadero' (como la cancioncita aquella de Willy Colón, para los lectores latinoamericanos) es efectivamente un misterio...de hecho, es casi un milagro. Amarse es tan complejo y fascinante que para mí, merece un homenaje digno, personalizado, hecho a la medida de sus protagonistas, sea en la esfera que sea. Si tu manera es el cupido y la escalera de peluche rojo, entonces A POR ELLO y disfrútalo mucho: seguro que este será un gran fin de semana para ti, tu pareja y el sitio en el que te vas a dejar todos esos euros/bolívares/dólares. Pero si en el fondo de tu corazón fucsia y platé sientes que toda ese confetti te genera caspa, pasa del 14F y elige un día para ti, para reivindicar el lazo que te une a quien amas y celébralo a tu manera, da igual que no sea la fórmula hollywodense.

12- Para que vean que no soy El Grinch que un año más se robó San Valentín, de nuevo dejo de regalo un poema de Benedetti, quien siempre tuvo el don de poder describir las cosas sin prodigarse en excesos que puedan terminar en comas diabéticos innecesarios...

Me voy a festejar el día de San Cirilo monje y San Metodio obispo, como me recomendó alguien a quien quiero mucho que de vez en cuando se deja caer por aquí. Bon cap de setmana.


Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.



(Esta entrada ya la publiqué casi idéntica en mis FB Notes en 2009, pero la he reciclado para compartirla con el resto de mis lectores. Pido humildes disculpas a los que ya la conocían..)

viernes, 20 de noviembre de 2009

Instrucciones para guardar un recuerdo




Un recuerdo, ya se sabe, es algo que se conserva para mantener en la memoria una circunstancia, persona o suceso determinado.

Siendo objetos de naturaleza volátil -debido a su carácter ligero y luminoso, pero también por su capacidad para volar- hay que tomar una serie de precauciones básicas antes de almacenarlos, para poder conservar intacta toda la magia que los rodea cuando aún están frescos.


  1. Examine su recuerdo. Piense que almacenarlo es un proceso costoso y delicado, que tomará trabajo. Por eso es importante una evaluación previa que determine su valía. Coja el recuerdo en la mano y obsérvelo detenidamente: ¿su aspecto es perfecto? ¿tiene buen color? Si ve que hay magulladuras, mírelas con cuidado ¿son reparables? ¿se trata de un detalle sin importancia que puede arreglarse con un poco de mimo o es un golpe serio, que desluce visiblemente?. Cuando haya terminado, haga un ejercicio de sinceridad y determine si vale la pena guardarlo o no. Si la respuesta es afirmativa, por favor, siga leyendo.
  1. Déjese llevar. Antes de entrar en la parte formal de este proceso, es recomendable que acerque la nariz al objeto de su evocación y aspire profundamente. Cierre los ojos y disfrute, pues la fragancia de un recuerdo fresco es única y -lamentablemente- también muy efímera. Aunque siga a rajatabla los consejos de esta guía, el paso del tiempo termina por afectar el olor de las remembranzas que, dependiendo de su naturaleza, puede terminar por desaparecer, cambiar de registro o incluso intensificarse. Este perfume reciente, que aún le dibuja una sonrisa en la cara -o le da ganas de llorar, eso ya depende de la variedad de recuerdo que quiera guardar- es algo que nunca más volverá a oler de la misma forma. Tómese su tiempo para disfrutarlo antes de proceder con el siguiente paso.
  1. Prepare el envoltorio. Para este tipo de objetos no valen cajas, ni bolsas plásticas o tarros de cristal. La mejor manera de mantener un recuerdo vivo es construyendo un nido personalizado hecho de palabras que lo cubran cuidadosamente. Elija bien las suyas, teniendo en cuenta que la memoria de un beso se conserva mejor si se envuelve con vocablos jugosos, de los que bailan en la boca cuando se pronuncian, mientras que un adiós requiere de una capa previa de barniz hecho con palabras prudentes y sabias, para evitar que la sal de las lágrimas secas lo deteriore y termine haciendo más daño que el que tenía en mente su protagonista cuando se despidió. Si lo suyo es un recuerdo indudablemente feliz, vaya directamente al paso No. 5. En cambio, si durante el paso No. 1 usted se encontró con insultos, contusiones o roturas de algún tipo, por favor lea atentamente el paso No. 4.
  1. Repare su recuerdo. Aunque el sentido común y la inteligencia emocional no lo recomiendan, existe en el ser humano una tendencia enfermiza a guardar malos recuerdos. En caso de haber encontrado defectos importantes en el suyo (una ruptura o un fracaso, por ejemplo) dedique el tiempo necesario para encontrar una palabra que le sirva para tapar esas imperfecciones. El objetivo es maquillar su recuerdo sin llegar a mutilarlo, porque rememorar a trozos es una trampa desaconsejable.
Presione suavemente la palabra elegida alrededor de la mancha o grieta que quiera disimular y déle forma a las acepciones con los dedos, hasta crear una capa fina y casi invisible. Si trabaja con cuidado, verá como esa frase dolorosa que alguien le dijo y que en principio era combustible para las lágrimas o causa de suicidio, termina convertido en una evocación más o menos decente, con un punto de extravagancia capaz de ahorrarle rencores o salvarle del despecho. Eso sí, tenga en cuenta dos cosas muy importantes: primero, arreglar recuerdos sin que se note requiere práctica, no espere resultados perfectos en los primeros intentos. Y segundo, tenga presente que para comprobar que ha hecho un buen trabajo deberá dejar pasar unas semanas -incluso meses- antes de usar por primera vez el recuerdo almacenado. Si transcurrido un tiempo lo toma entre las manos y vuelve a sentir ese mordisco de rabia en el pecho o le atacan las ganas de llorar, es que la grieta era muy grande o usted no supo cubrirla en condiciones. En ambos casos, recomendamos deshacerse del recuerdo, bajo el riesgo de que éste cree hongos y termine por infectar a todos las demás memorias que tenga cerca, incluso a las buenas.

  1. Cubra y deje enfriar.Una vez fabricado el nido de palabras, es el momento de cubrir el recuerdo con esmero. Corte tiras largas de imágenes que tenga en su cabeza, que abarquen la mayor cantidad de superficie posible y proceda luego a pegarlas alrededor de su remembranza, valiéndose de un pincel empapado en una mezcla líquida de nostalgia y satisfacción a partes iguales. Dependiendo de la importancia del recuerdo, recomendamos cubrir con dos, tres o hasta cuatro capas. Nunca conserve un recuerdo cubierto por una sola mano de protección, ya que se ha demostrado que es insuficiente: las memorias desprotegidas desaparecen, dejando en su lugar un montón de palabras huecas y sin valor. Cuando haya terminado de revestir, busque un sitio cálido y tranquilo en el que poner a secar sus recuerdos. Deje pasar al menos tres u cuatro semanas antes de proceder a almacenarlo definitivamente en su memoria.
  1. Sírvase al gusto. Un recuerdo bien guardado no es un capricho, sino una obra de arte que requiere ingenio y determinación. Sea cual sea la razón que lo haya llevado a conservarlo, su recuerdo es un bien único, que le acredita emocionalmente y le aporta perspectiva. Úselo con cuidado, seleccionando muy bien cuándo y con quién lo comparte. Suya es la decisión de servirlo en una copa de vino para los amigos, convertirlo en el humo de un cigarrillo solitario fumado en la terraza o regalarlo como una joya dentro de una caja con un lazo. No pierda de vista que sus recuerdos son la colección más importante que hará en su vida y lo único que llevará encima el día que ésta se termine. Ya que los ha elegido, trátelos con cariño, disfrútelos y muy importante: que su afición por ellos no le quite tiempo para producir otros nuevos. Su colección puede sufrir graves daños si usted se olvida de vivir el presente.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Lady B



Todo comenzó el día que me vieron escribir venganza con “b”.

Yo era muy joven y todavía inexperta en las vicisitudes del lenguaje escrito, a la par de distraída y extremadamente torpe en el uso del teclado QWERTY, sin embargo, eso no me impedía vivir una historia de amor desenfrenada con las palabras. Las adoraba. Quería apropiarme de ellas y hacerlas hablar por mí para que contasen todas esas historias que habitaban mi mente desde que tenía capacidad de memoria.  A raíz de esta locura, me dediqué a participar en cuanto taller o concurso literario aparecía por mi camino, sin importarme la cantidad de horas lectivas ofrecidas o la calidad del premio en juego. Sólo me interesaba poder  entregarme largas horas delante del ordenador a darle paso tipográfico a todo aquel universo que pujaba por salir de mi cerebro y amenazaba con hacer estallar mi cabeza. 

Lastimosamente, mis manos y mis ojos no tenían el mismo ritmo frenético que mi imaginación desbocada, y durante una de esas jornadas de trance literario uno de mis dedos (probablemente el índice) se escapó de su destino original de “uve” para aterrizar sin paracaídas en el territorio inhóspito de su vecina la “be”. El texto iba de ajustar una deuda de amor pendiente y  enganchada como estaba a la historia de mi protagonista y su más que merecida vindicación, no reparé -ni siquiera al imprimir- en el pequeño cadáver ortográfico que había producido mi atentado dactilar. “Venganza” había desaparecido y una vergonzosa “benganza” ocupaba su lugar, para mi posterior mortificación y humillación pública.

Después de aquella tarde trágica en la que repartí copias de mi historia para leer en clase, me convertí en el hazmerreír de mis profesores y compañeros de taller. Uno de ellos incluso llegó al punto de citarme delante de otros cursos como ejemplo de malas prácticas y analfabetismo funcional. Los muy cabrones se divirtieron de lo lindo con mi accidente y hasta se atrevieron a ponerme un mote: Lady B. Durante meses se dedicaron a trastocar la ortografía  y a construir auténticas piruetas con su vocabulario con el único fin de tocarme las narices. 
-Qué, Lady B…¿”bamos” a bebernos unas birras de barril?
-”Benga” Lady B, “beamos” de qué “ba” tu relato de hoy… 

De tanto repetir la historia de "con B de bendetta” terminé por convertirme en una leyenda negra de las letras a la que nadie tomaba en serio, hasta el punto en el que tuve que abandonar la escuela y renunciar a los concursos, condenada al más profundo y angustioso ostracismo literario. Aquel error acabó con mis sueños editoriales. Pero no con mi inspiración. Movida por un odio visceral, juré encontrar la manera de vengarme con muy mala uve de todos aquellos escritores arrogantes  que se habían burlado tan cruelmente de mí. Y lo conseguí.  

Tras años rompiéndome la cabeza pensando y probando ideas sin éxito, finalmente el azar me puso delante una oportunidad casi demasiado buena para ser cierta.

Ocurrió un día en el que conversaba con un amigo -abogado y especialista en derecho de autor- y éste me comentó la existencia de un vacío legal que me permitía registrar a mi nombre cualquier letra del abecedario. Al escuchar aquello no lo dudé ni dos segundos.
-Rafael, ¿estás seguro?...¿puedo comprar una letra, como si fuera un concurso de la tele? -le dije, mientras mi imaginación se disparaba.
-Técnicamente sí -respondió él- Creo que nadie lo ha hecho antes porque no parece posible ni lógico, pero legalmente no hay nada que te lo impida…

Así que dos días y un par de firmas más tarde teníamos un trato cerrado, previo desembolso de los ahorros de toda mi vida y el compromiso de pagarle a mi amigo el 15% de los ingresos generados durante el primer año…El trámite fue tan sencillo que parecía una broma, pero no. Salí del registro con un bonito certificado que acreditaba mi poder sobre las palabras que se escriben con “be larga”, también conocida como “be alta” o “be labial”. Me convertí en su dueña oficial. El documento señalaba además que mis derechos abarcaban las variables mayúsculas y minúsculas, aunque esto se aplicaba únicamente en el idioma Español. Recuerdo que guardé el papel en mi bolso y me llevé a mi amigo a tomar una copa para celebrar. Sabía que aquello marcaría el inicio de una larga y satisfactoria carrera reivindicativa en la que podía asestar magníficos derechazos al lugar más sensible de la anatomía de los escritores, después de su ego: el bolsillo.

Años después puedo decir que me he hecho billonaria cobrando los royalties que corresponden cada vez que esta gente escribe palabras como bolero, balcón, barato, beso o belleza. Ha sido el negocio de mi vida, aunque en la carrera contra los autores también me he ganado el odio y las amenazas continuas de colectivos muy potentes como las madres con bebés, las bailarinas de ballet, los bisexuales, los biólogos o las rubias de bote. Eso, por no dar detalles del acoso constante al que me someten los activistas de todas la vida, los mismos que piden salvar a las ballenas o los búfalos. Gracias a ellos ahora tengo que llevar escolta.

Pero qué puedo decir, a mí esas bobadas no me asustan. Sigo adelante,  apuntando todo en mi bitácora de ángel exterminador, mientras calibro si extender mi bonopolio a otros idiomas, empezando por el Catalán y el Inglés.

Me consta que el ayuntamiento de Barcelona me teme y pide negociar conmigo por adelantado, alertado por bonaerenses y bogotanos que ya han tenido que incluirme como concepto fijo  en la declaración de su renta municipal. También he sabido que en varios puntos de la geografía anglosajona se han dado reuniones nerviosas de académicos y lingüistas, aterrados ante las posibilidades de mi expansión alfabética si llegase a adueñarme del verbo “to be”. 

Yo paso. Todo esto no son más que banalidades. Bullshit. Nada podrá impedir que dentro de poco los anglofonos que pretendan escribir sobre  bugs o bikes  le hagan compañía a sus colegas hispanoparlantes aficionados a bichos y bicis en la fila del banco, con su correspondiente formulario de tasa ortográfica en la mano (la banca... esa institución que también me rinde un generoso beneficio al final de cada mes). “Be careful with her!”  titulan asustados los escritores de habla Inglesa, mientras yo los leo pensando que pronto se acabará ese relajo de estar advirtiendo gratis y terminarán pagándome derechos hasta para despedirse...Bye bye baby. Todo el capítulo "B" del Oxford y el Merriam Webster estará en mis manos, desde Balloon hasta Bypass, pasando por Border, Business y Bitch ¡Qué delicia!...Es que hasta insultarme les saldrá caro. 

 Es gracias a este cambio de fortuna que ahora me sobra el tiempo para hacer lo que me gusta. Así que he decidido volver a aporrear el teclado y escribir letra a letra el camino de mi regreso triunfal al mundo de la narrativa. Siento de nuevo los nervios previos al trance delante de la pantalla en blanco, las manos temblorosas y la vista perdida imaginando la historia que va a terminar volcada sobre el papel. Decido que mi primer relato será autobiográfico y me dejo llevar por los primeros compases de la música mental que viene a susurrarme el título:  “Venganza Abasalladora”. Sin freno, como en mi juventud, comienzo a escribir llena de satisfacción, mientras pienso que nadie más volverá a llamarme Lady B por culpa de un dedo mal mandado o distraído...

Esta burla bilingüe se la dedico a mi amigo Marcos, quien me enseñó una gran frase:
“Un error de ortografía es igual de grave que un mal polvo

viernes, 23 de octubre de 2009

Descerebrada



Hola, soy tu cerebro. 

Te escribo porque noto que desde hace un rato no me haces mucho caso. Y está demás decir que, dadas las funciones que me ha asignado la naturaleza dentro del normal desempeño de tu cuerpo y tu persona, esta tomadura de pelo y desobediencia por tu parte me tienen más que disgustado.

Empecé a notar los primeros síntomas de desacato hará cosa de tres meses, una tarde más bien calurosa en la que me encontraba algo atontado y un poco lento. Es por eso que odio el verano: el calor y la humedad me sientan fatal… Mi perspicacia tan característica se adormece y mi nivel de actividad disminuye considerablemente entre tanta cervecita de terraza, siestas y horas vacías tumbado a la orilla de la playa.

No lo niego, descansar es un verbo tentador incluso para un órgano adicto al trabajo 24/7 como yo. Y admito que no son pocas las veces en las que me dejo llevar y mis tareas básicas pasan a ejecutarse en piloto automático (gracias a eso no te asfixias, ni pierdes el control de tus esfínteres, entre otras cosas…pero no entremos en ese tema ahora). Sin embargo, es rara la vez en la que uno de estos despistes no termina complicándonos la vida a los dos. Y es que tienes una capacidad casi endemoniada para meterte en problemas…

Pero es igual. No te juzgo. El asunto es que en uno de esos descuidos estivales, no sé exactamente cómo (aunque lo sospecho) me desperté de la siesta para descubrir que tus ojos miraban de frente a un tipo de expresión sospechosa, cuya mano dibujaba líneas sinuosas sobre tu pierna derecha, convenientemente escondida debajo de una mesa llena de gente. Alarmado, activé todos los dispositivos de emergencia que tenía cerca….Envié mensajes de SOS, te martillé la cabeza con miles de objeciones, hice sonar las sirenas y hasta di ordenes directas a las extremidades inferiores para que se pusieran inmediatamente fuera del alcance de aquella mano impúdica. Pero era demasiado tarde. Ese traidor que llevas en el pecho -sí… ese, el que nunca me hace caso y va a su bola- ya tenía el control absoluto de la situación. Tus piernas estaban demasiado ocupadas temblando y sirviendo de lienzo para aquel dibujante de pacotilla, como para darse cuenta que yo, su auténtico jefe, les estaba cantando la retirada.  En ese momento supe que se había iniciado otra de mis trilladas batallas con “el otro”, esa puñetera bomba con ínfulas de órgano mayor que de momento tiene el control de tu vida: el corazón.

Desde ese entonces vas pasando de mí. Aprovechas la mínima ocasión para irte con el señor de las manos traviesas, aunque estoy cansado de decirte que pares de pensar en él, que no te conviene. Pero tú nada, erre que erre haciéndole caso al “otro” (es que estoy tan cabreado que no quiero ni nombrarlo…). No importa que yo te exponga mis motivos desde  la lógica y la razón. No. Tú solo atiendes a los trucos de ilusionista que prepara ese órgano infame que llevas entre las costillas, el bendito conspirador que empieza a bombear sangre a toda velocidad en cuanto detecta al charlatán de las manos exploradoras y evita que cualquier cosa que yo diga llegue a destino. Es como si yo no existiera.
De postre, poco a poco tu adorado corazoncito se ha ido creando aliados a lo largo y ancho de tu anatomía. El sistema nervioso autónomo al completo conspira en mi contra y logra verdaderas filigranas químicas que sin duda te deben resultar muy divertidas, so masoquista: se te eriza la piel, te sudan las manos, se te nubla la vista. Hasta las partes más innombrables de tu cuerpo reaccionan ante el solo pensamiento del galán de medio pelo del que has decidido “enamorarte”.

Y es que por enésima vez, debo decirte que todo eso que crees sentir no es más que una farsa. No existe eso del “amor”, lo que tienes es al corazón jugando a bartender con un kit de bioquímica, mezclándote un coctelito de esos con sombrillita que tanto te gustan. Eso sí, debo admitir que el jodido es muy bueno en lo suyo….tanto que incluso algunas veces logra que yo (¡YO!) colabore involuntariamente con su pasatiempo. No te aburriré con explicaciones científicas, pero debes saber que posees varios focos guerrilleros que te bombardean con dopamina, norepinefrina y hasta oxitocina. Cuando esto ocurre, debo confesar sinceramente que me avergüenzan mucho tu comportamiento errático y tus reacciones fisiológicas desproporcionadas, que de paso me ponen a trabajar horas extra.

En fin. Tú misma. Si te escribo esta nota es solo para hacerte saber  que  estás enferma (hubo alguien que se refirió a tu estado como “imbecilidad transitoria”, pero yo no pretendo ser tan cruel…). Que sepas que deambulas sola y a ciegas por un paisaje peligroso, en el que tu única salvación sería permitirme guiarte. Cosa que ya se sabe, no harás, en vista de lo feliz que se te ve al lado de tu adorado (y alcahuete) corazón.

De momento no crees necesitarme, ya lo sé. Y probablemente tirarás esta carta a la basura junto con la publicidad gratuita y otros papeles inservibles. Pero hasta los mejores trucos de magia tienen un final y un buen día, cuando no hayan más taquicardias, ni pupilas dilatadas, ni noches de insomnio o arrebato, entonces…ya volverás a mi. A ver qué tal te cae tu corazoncito loco cuando sólo te genere dolor y te consuman las ganas de cortarle los diez dedos a esas manos mentirosas y olvidadizas. Ya vendrás  llorándome para que te quite el despecho y te cure la rabia… Si es que te conozco… Tanto, que cuando vuelvas sé perfectamente lo que me vas a decir:
“¡No sé por qué no te hice caso!”

Por suerte soy un cerebro benévolo y me encargaré de quitarte esa pena de encima. Aunque tengo muy claro que en un par de meses volverás a las andadas. Definitivamente, qué sería de ti sin mí…


lunes, 24 de agosto de 2009

La Revuelta de las Misses (Parte II)





Días después, el Káiser organizó un banquete con todas las mujeres que alguna vez habían participado en el Certamen. No importaba el año, el sitio que ocupó en el cuadro final -si es que lo tuvo- o si sólo fue una miss de relleno. Casadas, divorciadas, enclosetadas, ya más gorditas o entradas en años. Todas, absolutamente todas las misses tenían que acudir a aquella cita sin precedentes en la historia del país.

Como hormigas glamorosas  empezaron a llegar a la Quinta desde los más recónditos lugares de la geografía nacional e internacional. Las había actrices, cantantes, modelos, presentadoras, médicos, terapeutas, ingenieras, amas de casa, deportistas, empresarias y putas de lujo...Poco a poco fueron llenando el salón con todos los colores del arco iris de sus trapos de firma, sus pelos tratados con keratina brasileña y sus lolas y culos de silicona, preguntándose unas a otras de qué podría tratarse aquello. La respuesta no tardó mucho en llegar. El Káiser en persona hizo su aparición en medio de la multitud de aquellos monumentos femeninos de mas de 1,70 metros y sonrió con una  benevolencia inusual en él, mientras comprobaba las posiciones de sus ayudantes en los lugares estratégicos.
“Niñas -comenzó con solemnidad- las he citado aquí porque la Patria lo reclama”.
Un murmullo sorprendido recorrió la sala (mientras al fondo una de las niñas más jóvenes se tapó la boca para decir por lo bajo “¿La tal Patria esa no fue la primera Miss Mundo?”).

Tomándose un par de segundos para medir el efecto de sus palabras, continuó con el discurso que había preparado cuidadosamente: “El nombre de la Patria, siempre asociado a bellas nenas de todo tipo de origen, con sus cabezas coronadas como las más hermosas del Mundo, del Universo, de Sudamérica, del Café, del Banano, del Turismo y cuanto concurso más existe sobre la faz de esta tierra, se está viniendo abajo" anunció alarmado, mientras los rumores se iban inflamando porque ya habían entrado en circulación los primeros vasos del armamento que el Káiser pensaba utilizar para derrocar al gobierno: el whiskey. Necesitaba a esas mujeres totalmente borrachas para lograr apuntarlas a aquella misión suicida.

“Mis hijas, todas saben que no hay punto de este mundo que no sepa quienes somos” espetó, a lo que algunas mujeres ya animaditas por el escocés respondieron “¡Si es verdad, coño!”. El máximo líder sonrió. Todo iba como tenía previsto, con un gesto del dedo mandó a doblar las dosis de whiskey mientras continuaba su alocución:

“Esto era un país desconocido en el mapamundi hasta que yo descubrí las mezclas raciales que se habían producido durante la época perezjimenista. Habían montones de mujeres bellas por todas partes, blancas, morenas, de pelo rizado o liso, con ojos de todos los colores del universo. Fui yo quien decidió hacer oídos sordos de aquel consejo tan antiglamoroso de sembrar el petróleo y desarrollé mi propia versión de exportación: ¡USTEDES! Fuimos nosotros los que logramos que la gente chic del planeta nos notara, nosotros los que pusimos a Susana, a Maritza, a Irene, a Astrid, coño ¡hasta a la gorda de Alicia! y a tantas más en el ojo de la atención pública mundial…¡Este país es lo que es gracias a NOSOTROS!” gritó emocionado, mientras las misses se miraban unas a otras asintiendo y pillaban a uno de los mesoneros para que les sirviera "otro whiskicito para la reina, por favor’"

“¿Que fuimos miembros fundadores de la OPEP? ¿Que hemos hecho dinero con la venta de petróleo? ¿Que aquí se inventaron la vacuna contra la lepra y el bisturí de diamante?  ¡¡Y UNA MIERDA, MUJERES!!!...Arabia Saudita y Kuwait producen más crudo que nosotros y en Suecia y Noruega se inventan más artilugios que aquí...¿y por qué la gente habla más de nosotros que de ellos?...¡PORQUE NO TIENEN EL CERTAMEN! ¡NUESTRO CERTAMEN! ¡¡¡La verdadera carta de identidad de este país, que se paraliza el día que ustedes marchan por la pasarela!!!!”. Caras ruborizadas por el orgullo y el alcohol se notaban por doquier mientras el Káiser seguía inflamando el alma de sus soldados.

“Los gringos cantan su himno nacional con la mano en el pecho porque los emociona.  Aquí, antes que el Presidente nos obligara a escuchar el nuestro cuatro veces al día por radio y televisión eran muy pocos los que se lo sabían completo e incluso ahora ¿¿quién siente que se le mueven las fibras del patriotismo cuando escucha el “Gloria al Bravo Pueblo”???”. Las misses se miraban y reían, e incluso hubo alguna que pensó que en el estadio sí era emocionante escuchar el himno, pero prefirió callarse para no descubrir su condición de beisbolera y de paso magallanera...Quién sabe si había alguna caraquista por ahí...

“Ah...¡¡pero no me digan que ESTO no les ablanda el corazón!!” rugió el Káiser. Y de pronto por los altavoces se empezaron a escuchar los característicos “uuua, uuua” que abren paso a la Canción de Canciones, el verdadero símbolo de la unidad nacional: “en una noooche tan linda como eeeeesta, cualquiera de nosotras podría ganaaaar...”. La masa, conmovida, estalló en aplausos y lágrimas, mientras que alguna desterrada del terruño sollozaba diciendo que esa era la música que se le venía a la mente cuando su avión procedente de Nueva York aterrizaba en Maiquetía.“Es TAN mi país”, gemía arrebatada.

El Káiser observaba la escena desde una de esas sillitas blanca de alquiler en la que se había encaramado para dar su discurso. La hora triunfal se acercaba. “¿Lo ven? -continuó- Nuestro auténtico himno nacional es éste, que habla de las cosas que verdaderamente nos gustan y nos unen...Lo bonito, el esplendor, la parrandita, el drama novelero escondido detrás de la competencia, las plumas, las lentejuelas...¡EL GLAMOUR ABSOLUTO!”  gritó, mientras se escuchaban más vítores, agudizados por la cuarta ronda de whiskey dieciocho años.

“Nuestra imagen ante el mundo es esa, una partida de gente bella, muy bella, que no se arruga nunca y usa grandes pamelas para las ocasiones especiales. Tenemos un acento bonito, la gente nos asocia con simpatía y culebrones de mujeres lindas que sufren y tienen una madre millonaria perdida y monja. Hay que recordar también a otras buenas personas dedicadas a la causa de la estética criolla que solo han aportado aún mas brillo a este collage tan divino que formamos...Carolina Herrera, Boris Izaguirre y el catire éste que ahora anuncia rebajas en España...¿como es que se llama?”. Las chicas ni se inmutaron:
-No tenemos ni idea, dale...¿que ibas diciendo?
-Coño, uno que cantaba diciendo que era bien chévere vivir en Venezuela y que él se quedaba aquí porque era optimista…¿no les suena?...
-No, no sabemos quién es…
-Bueno, pues ÉL. Entonces, somos famosos por eso, porque somos bellos, porque andamos por las calles arregladitos y con ropa de firma por la que somos capaces hasta de matarnos. Vamos a Miami, a Los Angeles, a Panamá y a Aruba tan felices y divinazos...¿y quien nos está quitando este privilegiado sitio en el ranking de la gente in del mundo?

El odio del auditorio se hizo visible cuando en una pantalla gigante apareció un close up del Presidente a todo color, que posteriormente se transformó en un zoom in de lo que para el Káiser era el elemento clave de la debacle que vivía la nación: la horrible, antiestética y por demás desagradable verruga del líder nacional.

“He aquí, mis niñas, la razón de todas nuestras desgracias actuales...Nunca hemos tenido presidentes buenmozos, es cierto, pero por lo menos a los otros les disimulaba la fealdad el hecho de estar viejos. Este gañán  todavía está joven y lo peor de todo es que se parece mucho al tipo que maneja el porpuesto, atiende el abasto o cuida la casa. Se ha aprovechado de su aspecto Juan Pueblo para ir cortando rabo y orejas sin que la gente se de cuenta, porque todo el mundo cree que el tipo es ‘uno de ellos’. Nos hemos ido quedando sin dólares, sin canales de televisión y emisoras de radio, encerrados en nuestras casas por culpa de los malandros, sin pasaportes para viajar y de paso, sin papel para limpiarnos el culo (¡horror!)...Ya ven, hasta yo me expreso ahora con un lenguaje totalmente coloquial ¡son las consecuencias lógicas de tener un presidente tierrúo!” y al decir esto el Káiser tapó su boca en señal de desaprobación por sus propias, feísimas palabras.

Alrededor de la silla plástica que le servia de púlpito, las misses analizaban con su natural lentitud neuronal afectada por los whiskycitos cuáles eran las verdaderas consecuencias de lo que les acababa de comunicar su líder. Si hasta ahora habíamos vivido bien, creyendo que todos éramos bellos y ricos aunque no fuera cierto, y este macaco nos jorobaba la fiesta secuestrando las cuatro lochas que ganábamos, entregándole la calle a los choros y estropeándonos el look, era cierto entonces que el país se estaba yendo al carajo…
Así que una vez consideradas las opciones, esa misma tarde empezó a organizarse en la Quinta la Revuelta de las Misses: El ejercito más bello del mundo iba a jugárselas todas para salvar a la Patria de la esclavitud de lo niche, los malandros, los médicos y maestros cubanos, la censura en la prensa y la escasez de leche desnatada, pechugas de pollo y papel higiénico.

“¡NI UN PASO ATRÁS!” gritaban guerrilleras, mientras caminaban, daban medio giro, un, dos, tres a lo largo y ancho del salón de ensayos. “¡NI UN PASO ATRÁS!” se animaban cuando veían en su platos la hoja de lechuga y la hebra de pollo con la que almorzaban cada día. El Káiser las mantenía fuertes a punta de bebidas nutritivas pero las torturaba con su famosa 'Dieta de la Lechuga' porque sabía los efectos devastadores que podría  tener un batallón de mujeres con hambre vieja…“¡NI UN PASO ATRÁS!” aullaban en sus clases de tácticas ofensivas con carteras Gucci y zapatos altos...Las más veteranas recibían un par de Manolo Blahniks tacón doce centímetros para el ataque, pero las novatas se tenían que conformar con calzado nacional, eso si, del bueno.

Tras un mes de ardua preparación y entrenamiento, las caras mas lindas de la nación, desde la más vieja hasta las colegialas recién operadas que sufrieron la humillación del último Certamen, estaban listas para lavar la cara de la Patria de tanta fealdad y atropello. El Káiser en persona las animó a dar lo mejor de si mismas y que aprovecharan para lucirse porque en esta prueba nadie les haría preguntas sobre libros, música o cultura general. ¡Llevaban todas las de ganar! ¡era imposible fallar!

A la hora señalada y al son de “En una noche tan linda como esta” la tropa de mujeres salió a la conquista de su objetivo sin disimulo alguno. El Presidente estaba en el Fuerte reunido con el alto mando y ese sería el lugar en el que ellas, las misses, pasarían a la Historia. Caminaban con sus sandalias letales por el pavimento, a una sola voz y sin pancartas, pero poco a poco se les fue sumando gente que lloraba emocionada mientras cantaba con ellas “en esta noooche lleeena de esplendoooor, yo estoy que podríiiiiiiiia volaaaaar”

Llegado el momento y perfectamente organizadas como una tribu de amazonas, las misses no necesitaron de la violencia para pasar cada uno de los controles de acceso hasta el salón principal en el que se celebraba el conclave presidencial. Ante aquella horda de mujeres en traje de baño, melenas batidas y dentaduras perfectas, los soldados sonreían tontamente y abrían todas las puertas…

La sorpresa del alto mando y el Presidente fue mayúscula cuando notaron las intenciones de las chicas, e intentaron conquistarlas con un bombardeo de flores blancas...Pero ya estaba visto que ese recurso victoriano no funciona ante la arrechera de la hembra criolla, a quien se le ocurren multitud de cosas que los señores del alto mando podrían hacer con sus condenadas florecitas.

Sacudiéndose los pétalos blancos de encima, las misses empuñaron sus tacones y en menos de diez minutos sometieron a todos los presentes mientras caminaban 1,2,3 medio giro, sonríe, 1,2,3, pose. ¡Carajo, que guerreras somos!...


Pocos minutos después el Káiser se dirigía a la nación para dar parte de los hechos al pueblo, que ya empezaba a celebrar en la calle que todo volvía a ser bello bello con mucho confetti (donado para la ocasión por la Organización del Certamen) y botellas de ron.
 -¡La fealdad ha muerto, viva la belleza!
-VIIIIIIIVAAAAAAA
-¡Viva el glamour y  abajo el control de cambio!
-VIIIIIIIIIIIVAAAAAAAAA
-Larga vida al Káiser y a nuestra nueva presidenta constitucional, la ex alcaldesa más exquisita de todos los tiempos, que pintará las calles de la Patria de rosado y establecerá servicio de eliminación gratuita de verrugas, comedores dietéticos y liposucción para todos…
-VIIIIIIIIIIIIIIVAAAAAAAAAAAAAAA
-Abajo el mal gusto, lo divino ha vuelto...¡Esos billetes feos con indios y monos ya no valen para nada! A partir de ahora en nuestra moneda se verá el perfil operado de nuestras heroínas.
-VIIIIIIIIIIIIIIVAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
-Mañana mismo vamos a botar a todos los infiltrados de Castro…¡menos a las doctoras o maestras que estén buenas, porque a esas igual las logramos convencer para que se unan a nuestra causa!
-VIIIIIIIIVAAAAAAAA
-Señor Kaiser ¿piensa eliminar la nueva Ley de Educación y cancelar la discusión de la Ley de Tierras Urbanas?
-¿Eh? ¿la qué…?
-La nueva Ley de Educación. Y la de Tierras Urbanas. Esa que quiere expropiar los campos de golf.
-Coño claro ¡por supuesto!...Esas leyes quedan eliminadas a partir de este mismo momento.¡Faltaría más!

El Káiser observó satisfecho el resultado de la obra a la que le había dedicado tantos años. ¡Había reivindicado el nombre de la mujer venezolana! ¡la había puesto en la Historia!. Ni él, ni la ex alcaldesa Barbie, ni el ahora ex y asesinado a taconazos Presidente Tierrúo tenían puñetera idea de cómo darles pan y trabajos bien pagados a estos hombres y mujeres alegres y normalmente pacíficos. Pero por lo menos él, tan divino y educado, no los instaba a matarse entre ellos ni les compraba el voto con dos cajas de cerveza y una franelita roja. “Ya después llegará alguno que de verdad arregle esta vaina” pensó, mientras a lo lejos estallaba el jolgorio por la libertad y los nuevos, buenos tiempos…
-¡Que viva VENEZUELA carajo!
-VIIIIIIIIIIIIIIIIIIIVAAAAAAAA