miércoles, 30 de diciembre de 2009

Ritual de año nuevo




Ya sos mayor de edad
tengo que despedirte
pesimismo

años que te preparo el desayuno
que vigilo tu tos de mal agüero
y te tomo la fiebre
que trato de narrarte pormenores
del pasado mediato
convencerte de que en el fondo somos
gallardos y leales
y también que al mal tiempo buena cara

pero como si nada
seguís malhumorado arisco e insociable
y te repantigás en la avería
como si fuese una butaca pullman

se te ve la fruición por el malogro
tu viejo idilio con la mala sombra
tu manía de orar junto a las ruinas
tu goce ante el desastre inesperado

claro que voy a despedirte
no sé por qué no lo hice antes
será porque tenés tu propio método
de hacerte necesario
y a uno lo deja triste tu tristeza
amargo tu amargura
alarmista tu alarma

ya sé vas a decirme no hay motivos
para la euforia y las celebraciones
y claro cuandonó tenés razón

pero es tan boba tu razón tan obvia
tan remendada y remedada
tan igualita al pálpito
que enseguida se vuelve sinrazón

ya sos mayor de edad
chau pesimismo

y por favor andate despacito
sin despertar al monstruo

(Chau pesimismo. Mario Benedetti)


Feliz año nuevo / Happy new year / Bon any nou

viernes, 20 de noviembre de 2009

Instrucciones para guardar un recuerdo




Un recuerdo, ya se sabe, es algo que se conserva para mantener en la memoria una circunstancia, persona o suceso determinado.

Siendo objetos de naturaleza volátil -debido a su carácter ligero y luminoso, pero también por su capacidad para volar- hay que tomar una serie de precauciones básicas antes de almacenarlos, para poder conservar intacta toda la magia que los rodea cuando aún están frescos.


  1. Examine su recuerdo. Piense que almacenarlo es un proceso costoso y delicado, que tomará trabajo. Por eso es importante una evaluación previa que determine su valía. Coja el recuerdo en la mano y obsérvelo detenidamente: ¿su aspecto es perfecto? ¿tiene buen color? Si ve que hay magulladuras, mírelas con cuidado ¿son reparables? ¿se trata de un detalle sin importancia que puede arreglarse con un poco de mimo o es un golpe serio, que desluce visiblemente?. Cuando haya terminado, haga un ejercicio de sinceridad y determine si vale la pena guardarlo o no. Si la respuesta es afirmativa, por favor, siga leyendo.
  1. Déjese llevar. Antes de entrar en la parte formal de este proceso, es recomendable que acerque la nariz al objeto de su evocación y aspire profundamente. Cierre los ojos y disfrute, pues la fragancia de un recuerdo fresco es única y -lamentablemente- también muy efímera. Aunque siga a rajatabla los consejos de esta guía, el paso del tiempo termina por afectar el olor de las remembranzas que, dependiendo de su naturaleza, puede terminar por desaparecer, cambiar de registro o incluso intensificarse. Este perfume reciente, que aún le dibuja una sonrisa en la cara -o le da ganas de llorar, eso ya depende de la variedad de recuerdo que quiera guardar- es algo que nunca más volverá a oler de la misma forma. Tómese su tiempo para disfrutarlo antes de proceder con el siguiente paso.
  1. Prepare el envoltorio. Para este tipo de objetos no valen cajas, ni bolsas plásticas o tarros de cristal. La mejor manera de mantener un recuerdo vivo es construyendo un nido personalizado hecho de palabras que lo cubran cuidadosamente. Elija bien las suyas, teniendo en cuenta que la memoria de un beso se conserva mejor si se envuelve con vocablos jugosos, de los que bailan en la boca cuando se pronuncian, mientras que un adiós requiere de una capa previa de barniz hecho con palabras prudentes y sabias, para evitar que la sal de las lágrimas secas lo deteriore y termine haciendo más daño que el que tenía en mente su protagonista cuando se despidió. Si lo suyo es un recuerdo indudablemente feliz, vaya directamente al paso No. 5. En cambio, si durante el paso No. 1 usted se encontró con insultos, contusiones o roturas de algún tipo, por favor lea atentamente el paso No. 4.
  1. Repare su recuerdo. Aunque el sentido común y la inteligencia emocional no lo recomiendan, existe en el ser humano una tendencia enfermiza a guardar malos recuerdos. En caso de haber encontrado defectos importantes en el suyo (una ruptura o un fracaso, por ejemplo) dedique el tiempo necesario para encontrar una palabra que le sirva para tapar esas imperfecciones. El objetivo es maquillar su recuerdo sin llegar a mutilarlo, porque rememorar a trozos es una trampa desaconsejable.
Presione suavemente la palabra elegida alrededor de la mancha o grieta que quiera disimular y déle forma a las acepciones con los dedos, hasta crear una capa fina y casi invisible. Si trabaja con cuidado, verá como esa frase dolorosa que alguien le dijo y que en principio era combustible para las lágrimas o causa de suicidio, termina convertido en una evocación más o menos decente, con un punto de extravagancia capaz de ahorrarle rencores o salvarle del despecho. Eso sí, tenga en cuenta dos cosas muy importantes: primero, arreglar recuerdos sin que se note requiere práctica, no espere resultados perfectos en los primeros intentos. Y segundo, tenga presente que para comprobar que ha hecho un buen trabajo deberá dejar pasar unas semanas -incluso meses- antes de usar por primera vez el recuerdo almacenado. Si transcurrido un tiempo lo toma entre las manos y vuelve a sentir ese mordisco de rabia en el pecho o le atacan las ganas de llorar, es que la grieta era muy grande o usted no supo cubrirla en condiciones. En ambos casos, recomendamos deshacerse del recuerdo, bajo el riesgo de que éste cree hongos y termine por infectar a todos las demás memorias que tenga cerca, incluso a las buenas.

  1. Cubra y deje enfriar.Una vez fabricado el nido de palabras, es el momento de cubrir el recuerdo con esmero. Corte tiras largas de imágenes que tenga en su cabeza, que abarquen la mayor cantidad de superficie posible y proceda luego a pegarlas alrededor de su remembranza, valiéndose de un pincel empapado en una mezcla líquida de nostalgia y satisfacción a partes iguales. Dependiendo de la importancia del recuerdo, recomendamos cubrir con dos, tres o hasta cuatro capas. Nunca conserve un recuerdo cubierto por una sola mano de protección, ya que se ha demostrado que es insuficiente: las memorias desprotegidas desaparecen, dejando en su lugar un montón de palabras huecas y sin valor. Cuando haya terminado de revestir, busque un sitio cálido y tranquilo en el que poner a secar sus recuerdos. Deje pasar al menos tres u cuatro semanas antes de proceder a almacenarlo definitivamente en su memoria.
  1. Sírvase al gusto. Un recuerdo bien guardado no es un capricho, sino una obra de arte que requiere ingenio y determinación. Sea cual sea la razón que lo haya llevado a conservarlo, su recuerdo es un bien único, que le acredita emocionalmente y le aporta perspectiva. Úselo con cuidado, seleccionando muy bien cuándo y con quién lo comparte. Suya es la decisión de servirlo en una copa de vino para los amigos, convertirlo en el humo de un cigarrillo solitario fumado en la terraza o regalarlo como una joya dentro de una caja con un lazo. No pierda de vista que sus recuerdos son la colección más importante que hará en su vida y lo único que llevará encima el día que ésta se termine. Ya que los ha elegido, trátelos con cariño, disfrútelos y muy importante: que su afición por ellos no le quite tiempo para producir otros nuevos. Su colección puede sufrir graves daños si usted se olvida de vivir el presente.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Lady B



Todo comenzó el día que me vieron escribir venganza con “b”.

Yo era muy joven y todavía inexperta en las vicisitudes del lenguaje escrito, a la par de distraída y extremadamente torpe en el uso del teclado QWERTY, sin embargo, eso no me impedía vivir una historia de amor desenfrenada con las palabras. Las adoraba. Quería apropiarme de ellas y hacerlas hablar por mí para que contasen todas esas historias que habitaban mi mente desde que tenía capacidad de memoria.  A raíz de esta locura, me dediqué a participar en cuanto taller o concurso literario aparecía por mi camino, sin importarme la cantidad de horas lectivas ofrecidas o la calidad del premio en juego. Sólo me interesaba poder  entregarme largas horas delante del ordenador a darle paso tipográfico a todo aquel universo que pujaba por salir de mi cerebro y amenazaba con hacer estallar mi cabeza. 

Lastimosamente, mis manos y mis ojos no tenían el mismo ritmo frenético que mi imaginación desbocada, y durante una de esas jornadas de trance literario uno de mis dedos (probablemente el índice) se escapó de su destino original de “uve” para aterrizar sin paracaídas en el territorio inhóspito de su vecina la “be”. El texto iba de ajustar una deuda de amor pendiente y  enganchada como estaba a la historia de mi protagonista y su más que merecida vindicación, no reparé -ni siquiera al imprimir- en el pequeño cadáver ortográfico que había producido mi atentado dactilar. “Venganza” había desaparecido y una vergonzosa “benganza” ocupaba su lugar, para mi posterior mortificación y humillación pública.

Después de aquella tarde trágica en la que repartí copias de mi historia para leer en clase, me convertí en el hazmerreír de mis profesores y compañeros de taller. Uno de ellos incluso llegó al punto de citarme delante de otros cursos como ejemplo de malas prácticas y analfabetismo funcional. Los muy cabrones se divirtieron de lo lindo con mi accidente y hasta se atrevieron a ponerme un mote: Lady B. Durante meses se dedicaron a trastocar la ortografía  y a construir auténticas piruetas con su vocabulario con el único fin de tocarme las narices. 
-Qué, Lady B…¿”bamos” a bebernos unas birras de barril?
-”Benga” Lady B, “beamos” de qué “ba” tu relato de hoy… 

De tanto repetir la historia de "con B de bendetta” terminé por convertirme en una leyenda negra de las letras a la que nadie tomaba en serio, hasta el punto en el que tuve que abandonar la escuela y renunciar a los concursos, condenada al más profundo y angustioso ostracismo literario. Aquel error acabó con mis sueños editoriales. Pero no con mi inspiración. Movida por un odio visceral, juré encontrar la manera de vengarme con muy mala uve de todos aquellos escritores arrogantes  que se habían burlado tan cruelmente de mí. Y lo conseguí.  

Tras años rompiéndome la cabeza pensando y probando ideas sin éxito, finalmente el azar me puso delante una oportunidad casi demasiado buena para ser cierta.

Ocurrió un día en el que conversaba con un amigo -abogado y especialista en derecho de autor- y éste me comentó la existencia de un vacío legal que me permitía registrar a mi nombre cualquier letra del abecedario. Al escuchar aquello no lo dudé ni dos segundos.
-Rafael, ¿estás seguro?...¿puedo comprar una letra, como si fuera un concurso de la tele? -le dije, mientras mi imaginación se disparaba.
-Técnicamente sí -respondió él- Creo que nadie lo ha hecho antes porque no parece posible ni lógico, pero legalmente no hay nada que te lo impida…

Así que dos días y un par de firmas más tarde teníamos un trato cerrado, previo desembolso de los ahorros de toda mi vida y el compromiso de pagarle a mi amigo el 15% de los ingresos generados durante el primer año…El trámite fue tan sencillo que parecía una broma, pero no. Salí del registro con un bonito certificado que acreditaba mi poder sobre las palabras que se escriben con “be larga”, también conocida como “be alta” o “be labial”. Me convertí en su dueña oficial. El documento señalaba además que mis derechos abarcaban las variables mayúsculas y minúsculas, aunque esto se aplicaba únicamente en el idioma Español. Recuerdo que guardé el papel en mi bolso y me llevé a mi amigo a tomar una copa para celebrar. Sabía que aquello marcaría el inicio de una larga y satisfactoria carrera reivindicativa en la que podía asestar magníficos derechazos al lugar más sensible de la anatomía de los escritores, después de su ego: el bolsillo.

Años después puedo decir que me he hecho billonaria cobrando los royalties que corresponden cada vez que esta gente escribe palabras como bolero, balcón, barato, beso o belleza. Ha sido el negocio de mi vida, aunque en la carrera contra los autores también me he ganado el odio y las amenazas continuas de colectivos muy potentes como las madres con bebés, las bailarinas de ballet, los bisexuales, los biólogos o las rubias de bote. Eso, por no dar detalles del acoso constante al que me someten los activistas de todas la vida, los mismos que piden salvar a las ballenas o los búfalos. Gracias a ellos ahora tengo que llevar escolta.

Pero qué puedo decir, a mí esas bobadas no me asustan. Sigo adelante,  apuntando todo en mi bitácora de ángel exterminador, mientras calibro si extender mi bonopolio a otros idiomas, empezando por el Catalán y el Inglés.

Me consta que el ayuntamiento de Barcelona me teme y pide negociar conmigo por adelantado, alertado por bonaerenses y bogotanos que ya han tenido que incluirme como concepto fijo  en la declaración de su renta municipal. También he sabido que en varios puntos de la geografía anglosajona se han dado reuniones nerviosas de académicos y lingüistas, aterrados ante las posibilidades de mi expansión alfabética si llegase a adueñarme del verbo “to be”. 

Yo paso. Todo esto no son más que banalidades. Bullshit. Nada podrá impedir que dentro de poco los anglofonos que pretendan escribir sobre  bugs o bikes  le hagan compañía a sus colegas hispanoparlantes aficionados a bichos y bicis en la fila del banco, con su correspondiente formulario de tasa ortográfica en la mano (la banca... esa institución que también me rinde un generoso beneficio al final de cada mes). “Be careful with her!”  titulan asustados los escritores de habla Inglesa, mientras yo los leo pensando que pronto se acabará ese relajo de estar advirtiendo gratis y terminarán pagándome derechos hasta para despedirse...Bye bye baby. Todo el capítulo "B" del Oxford y el Merriam Webster estará en mis manos, desde Balloon hasta Bypass, pasando por Border, Business y Bitch ¡Qué delicia!...Es que hasta insultarme les saldrá caro. 

 Es gracias a este cambio de fortuna que ahora me sobra el tiempo para hacer lo que me gusta. Así que he decidido volver a aporrear el teclado y escribir letra a letra el camino de mi regreso triunfal al mundo de la narrativa. Siento de nuevo los nervios previos al trance delante de la pantalla en blanco, las manos temblorosas y la vista perdida imaginando la historia que va a terminar volcada sobre el papel. Decido que mi primer relato será autobiográfico y me dejo llevar por los primeros compases de la música mental que viene a susurrarme el título:  “Venganza Abasalladora”. Sin freno, como en mi juventud, comienzo a escribir llena de satisfacción, mientras pienso que nadie más volverá a llamarme Lady B por culpa de un dedo mal mandado o distraído...

Esta burla bilingüe se la dedico a mi amigo Marcos, quien me enseñó una gran frase:
“Un error de ortografía es igual de grave que un mal polvo

lunes, 9 de noviembre de 2009

Homenaje al primer día de frío





Hoy es lunes y toca subir un post para abrir la semana, pero justo ayer han bajado las temperaturas -ahora sí definitivamente- y esto siempre le pone ideas grises en la cabeza a un animal solar como yo, que nació a 30º a la sombra.

Así que prefiero que sea un autor mucho más optimista y versado que yo el que ponga la nota de apertura de estos siete días, para hacernos sonreír ante el termómetro y recordar que el frío puede esconder sorpresas, incluso para las almas más formales. 

Feliz semana.

Quién iba a prever que el amor, ese informal
se dedicara a ellos tan formales

mientras almorzaban por primera vez
ella muy lenta y él no tanto
y hablaban con sospechosa objetividad
de grandes temas en dos volúmenes
su sonrisa, la de ella,
era como un augurio o una fábula
su mirada, la de él, tomaba nota
de cómo eran sus ojos, los de ella,
pero sus palabras, las de él,
no se enteraban de esa dulce encuesta

como siempre o como casi siempre
la política condujo a la cultura
así que por la noche concurrieron al teatro
sin tocarse una uña o un ojal
ni siquiera una hebilla o una manga
y como a la salida hacía bastante frío
y ella no tenía medias
sólo sandalias por las que asomaban
unos dedos muy blancos e indefensos
fue preciso meterse en un boliche

y ya que el mozo demoraba tanto
ellos optaron por la confidencia
extra seca y sin hielo por favor
cuando llegaron a su casa, la de ella,
ya el frío estaba en sus labios ,los de él,
de modo que ella fábula y augurio
le dio refugio y café instantáneos

una hora apenas de biografía y nostalgias
hasta que al fin sobrevino un silencio
como se sabe en estos casos es bravo
decir algo que realmente no sobre

él probó sólo falta que me quede a dormir
y ella probó por qué no te quedas
y él no me lo digas dos veces
y ella bueno por qué no te quedas
de manera que él se quedó en principio
a besar sin usura sus pies fríos, los de ella,
después ella besó sus labios, los de él,
que a esa altura ya no estaban tan fríos
y sucesivamente así
mientras los grandes temas
dormían el sueño que ellos no durmieron.



(Los Formales y el Frío. Mario Benedetti)


viernes, 6 de noviembre de 2009

Veinte razones para abrir un libro






20.
Unas hermanas intentando cumplir con el deseo póstumo de su madre: no llorar.

19.
Un guardia de seguridad del aeropuerto que ve pasar su valentía por la máquina de rayos X.

18.
Un aquelarre de esposa, amante y novia que esperan la lluvia confabuladas en contra del hombre que comparten.

17.
Un principiante atrapado dentro de la caja del mago, a punto de ser atravesado por una espada.

16.
El delirio de un hombre que se sabe perseguido por su sombra desde hace más de veinte años. 

15.
Un grupo de elfos desordenados trasegando en la cocina de su jefe.

14.
El acto de contrición de un asesino a punto de matar.

13.
El amor mutante entre un hombre sin boca y una mujer sin ojos.

12.
Un extraño y conmovedor visitante que de vez en cuando se cuela en la UCI del hospital de Bellvitge.

11.
Una viuda guapa que se protege de la lluvia con un paraguas de mariposas.

10.
Un soldadito con ganas de guerra que organiza un ejército de oro en las baldosas del cuarto de baño.

9.
Una reina de corazones hastiada de lidiar con la promiscuidad galopante del príncipe azul.

8.
Un pez de colores que tiene el secreto de la felicidad, aunque siempre se le olvida.

7.
Un parado inocente que se acerca al INEM  a pedir su prestación sin sospechar que su pase a las estadísticas del desempleo le pondrá en boca de todo el país.

6.
Una bacteria simpática (conocida como Filis entre sus amistades), que narra sus peripecias por entrepiernas varias antes de instalarse en su nuevo y lanudo hogar de cuatro patas.

5.
Un torrero gallego que observa pacientemente desde su faro mientras espera que el mar salde una cuenta que tienen pendiente.

4.
Un feliz explorador perdido entre la niebla de una ducha hirviendo y los dedos curiosos de su experta compañera.

3.
Un ego masculino con ínfulas de león que espera a una prostituta en la habitación de un hotel.

2.
Cuatro hombres despechados que se reúnen para jugar una partida de un juego de mesa muy particular.

1.
Una mujer enamorada que vive para cada cita de los jueves…



Para todos los lectores, visitantes y amigos que se apunten a seguir esta cuenta atrás conmigo. En mi nombre y en el de mis sesenta y ocho compañeros de aventura: GRACIAS. 

viernes, 23 de octubre de 2009

Descerebrada



Hola, soy tu cerebro. 

Te escribo porque noto que desde hace un rato no me haces mucho caso. Y está demás decir que, dadas las funciones que me ha asignado la naturaleza dentro del normal desempeño de tu cuerpo y tu persona, esta tomadura de pelo y desobediencia por tu parte me tienen más que disgustado.

Empecé a notar los primeros síntomas de desacato hará cosa de tres meses, una tarde más bien calurosa en la que me encontraba algo atontado y un poco lento. Es por eso que odio el verano: el calor y la humedad me sientan fatal… Mi perspicacia tan característica se adormece y mi nivel de actividad disminuye considerablemente entre tanta cervecita de terraza, siestas y horas vacías tumbado a la orilla de la playa.

No lo niego, descansar es un verbo tentador incluso para un órgano adicto al trabajo 24/7 como yo. Y admito que no son pocas las veces en las que me dejo llevar y mis tareas básicas pasan a ejecutarse en piloto automático (gracias a eso no te asfixias, ni pierdes el control de tus esfínteres, entre otras cosas…pero no entremos en ese tema ahora). Sin embargo, es rara la vez en la que uno de estos despistes no termina complicándonos la vida a los dos. Y es que tienes una capacidad casi endemoniada para meterte en problemas…

Pero es igual. No te juzgo. El asunto es que en uno de esos descuidos estivales, no sé exactamente cómo (aunque lo sospecho) me desperté de la siesta para descubrir que tus ojos miraban de frente a un tipo de expresión sospechosa, cuya mano dibujaba líneas sinuosas sobre tu pierna derecha, convenientemente escondida debajo de una mesa llena de gente. Alarmado, activé todos los dispositivos de emergencia que tenía cerca….Envié mensajes de SOS, te martillé la cabeza con miles de objeciones, hice sonar las sirenas y hasta di ordenes directas a las extremidades inferiores para que se pusieran inmediatamente fuera del alcance de aquella mano impúdica. Pero era demasiado tarde. Ese traidor que llevas en el pecho -sí… ese, el que nunca me hace caso y va a su bola- ya tenía el control absoluto de la situación. Tus piernas estaban demasiado ocupadas temblando y sirviendo de lienzo para aquel dibujante de pacotilla, como para darse cuenta que yo, su auténtico jefe, les estaba cantando la retirada.  En ese momento supe que se había iniciado otra de mis trilladas batallas con “el otro”, esa puñetera bomba con ínfulas de órgano mayor que de momento tiene el control de tu vida: el corazón.

Desde ese entonces vas pasando de mí. Aprovechas la mínima ocasión para irte con el señor de las manos traviesas, aunque estoy cansado de decirte que pares de pensar en él, que no te conviene. Pero tú nada, erre que erre haciéndole caso al “otro” (es que estoy tan cabreado que no quiero ni nombrarlo…). No importa que yo te exponga mis motivos desde  la lógica y la razón. No. Tú solo atiendes a los trucos de ilusionista que prepara ese órgano infame que llevas entre las costillas, el bendito conspirador que empieza a bombear sangre a toda velocidad en cuanto detecta al charlatán de las manos exploradoras y evita que cualquier cosa que yo diga llegue a destino. Es como si yo no existiera.
De postre, poco a poco tu adorado corazoncito se ha ido creando aliados a lo largo y ancho de tu anatomía. El sistema nervioso autónomo al completo conspira en mi contra y logra verdaderas filigranas químicas que sin duda te deben resultar muy divertidas, so masoquista: se te eriza la piel, te sudan las manos, se te nubla la vista. Hasta las partes más innombrables de tu cuerpo reaccionan ante el solo pensamiento del galán de medio pelo del que has decidido “enamorarte”.

Y es que por enésima vez, debo decirte que todo eso que crees sentir no es más que una farsa. No existe eso del “amor”, lo que tienes es al corazón jugando a bartender con un kit de bioquímica, mezclándote un coctelito de esos con sombrillita que tanto te gustan. Eso sí, debo admitir que el jodido es muy bueno en lo suyo….tanto que incluso algunas veces logra que yo (¡YO!) colabore involuntariamente con su pasatiempo. No te aburriré con explicaciones científicas, pero debes saber que posees varios focos guerrilleros que te bombardean con dopamina, norepinefrina y hasta oxitocina. Cuando esto ocurre, debo confesar sinceramente que me avergüenzan mucho tu comportamiento errático y tus reacciones fisiológicas desproporcionadas, que de paso me ponen a trabajar horas extra.

En fin. Tú misma. Si te escribo esta nota es solo para hacerte saber  que  estás enferma (hubo alguien que se refirió a tu estado como “imbecilidad transitoria”, pero yo no pretendo ser tan cruel…). Que sepas que deambulas sola y a ciegas por un paisaje peligroso, en el que tu única salvación sería permitirme guiarte. Cosa que ya se sabe, no harás, en vista de lo feliz que se te ve al lado de tu adorado (y alcahuete) corazón.

De momento no crees necesitarme, ya lo sé. Y probablemente tirarás esta carta a la basura junto con la publicidad gratuita y otros papeles inservibles. Pero hasta los mejores trucos de magia tienen un final y un buen día, cuando no hayan más taquicardias, ni pupilas dilatadas, ni noches de insomnio o arrebato, entonces…ya volverás a mi. A ver qué tal te cae tu corazoncito loco cuando sólo te genere dolor y te consuman las ganas de cortarle los diez dedos a esas manos mentirosas y olvidadizas. Ya vendrás  llorándome para que te quite el despecho y te cure la rabia… Si es que te conozco… Tanto, que cuando vuelvas sé perfectamente lo que me vas a decir:
“¡No sé por qué no te hice caso!”

Por suerte soy un cerebro benévolo y me encargaré de quitarte esa pena de encima. Aunque tengo muy claro que en un par de meses volverás a las andadas. Definitivamente, qué sería de ti sin mí…


sábado, 3 de octubre de 2009

domingo, 30 de agosto de 2009

Pobre Gente



Iban sentados juntos en uno de los vagones de la línea verde del Metro. Ella hacía sudokus con una mano y con la otra sostenía firmemente la correa del bolso. Él estaba concentrado en la lectura del “As” y de vez en cuando echaba un rápido vistazo a la pequeña hilera de luces rojas que se iban encendiendo para indicar la próxima parada.

 “Propera estació, Espanya” dijo la voz. Y menos de un minuto después las puertas se abrieron para dejar entrar a un río de gente variopinta que tardó dos segundos en inundar el vagón. Ella apretó el bolso con más fuerza y él sacudió el periódico, molesto ante aquella invasión inesperada de cuerpos ruidosos que interrumpía su lectura.

 En las sillas de enfrente se sentó otra pareja. Al principio ninguno de los dos les prestó atención, pero luego ella levantó la vista de los números de su puzzle y no pudo evitar ver la coreografía de gestos y señales que aquel par  protagonizaba con sus manos.

 Los espió con disimulo, observando cada maniobra de aquellos dedos que se combinaban para formar palabras y frases misteriosas que sólo ellos podían entender. Los veía reír y decirse cosas con los ojos, mientras las manos bailaban de arriba abajo, conectadas en una conversación sin sonido que los tuvo enfrascados hasta la estación de Fontana, donde se fundieron en un abrazo de diez dedos entrelazados para abandonar el vagón sin separarse. Cuando el obligado travelling lateral del tren le estropeó la película, pudo verlos darse un beso que iluminó el andén durante dos segundos, justo antes del corte a negro del túnel.

-Cariño, ¿has visto a esa pareja? -le dijo a su marido.
-No. Estoy leyendo el periódico -contestó él, fastidiado.
-Es que me han dado una penita…
-¿Por qué?
-Eran sordomudos…Pobrecillos. ¿Te lo imaginas?...Viviendo juntos y sin intercambiar ni una palabra. Una pena ¿verdad?
-Pues si, una pena -dijo él volviendo a su lectura, dando el tema por cerrado.

“De verdad no sé cómo pueden vivir sin hablarse” -pensó ella mientras terminaba de rellenar su sudoku- “Pobre gente…”.