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martes, 21 de enero de 2014

Keep dancing





"Bless the day I made a wrong choice
Bless mess ups, bless them all
And give me the sentence that I deserve
And the gift of memory

Grant me my dreams whenever you might 

And give me the privilege of a fight 
And give me the wounds that I earned
And let me keep the scars

So we dance, dance, dance

This life away...." 



(Fragmento de "Dance, Dance, Dance" de Marlango. Para festejar que en la vida los pasos que me han hecho caer son los que más me han enseñado. Y que gracias a ellos, no solo sigo bailando sino que lo hago mucho mejor. Next!)






miércoles, 28 de agosto de 2013

Live/Vive




Vivir. El mejor homenaje que puedo hacerte cada día. 

(Dedicado a mi amiga-hermana María Eugenia, que el domingo se convirtió en una estrellita que ahora me guía desde el cielo. Siempre en mi corazón, mi morocha)

domingo, 10 de marzo de 2013

Lección de Baile



"Ginger Rogers did everything Fred Astaire did, but backwards and in high heels" 


(Y el baile continúa, aunque cambie el paso y aprenderlo a ejecutar hacia atrás y con tacones sea un desafío. Just keep dancing.) 

miércoles, 25 de abril de 2012

Santa Cafeína

Behind every successful woman...
is a substantial amount of coffee. 



Sirva esta ilustración de Dorothee Golz como pequeña referencia a lo que con los años se ha ido convirtiendo en mi auténtico vicio; más arraigado incluso que la compra indiscriminada de zapatos y libros (que también...solo que el café gana por goleada por aquello de "dosis diaria". Y desde que estoy escribiendo la novela, peor aún)

Feliz miércoles, si cabe, contando que hasta ahora la semana lleva un inventario de anécdotas francamente prescindibles: una diada de Sant Jordi sin rosas, un Barça eliminado de la Champions, varios emails complicados de escribir, la puesta en marcha de gestiones administrativas altamente soporíferas y de postre, tener que lidiar con un episodio de lo que García Márquez llama poéticamente "suspenso inactivo", no recuerdo exactamente en qué texto, creo que fue en una entrevista en la que quizás se refería a aquel personaje suyo que esperaba el correo cada viernes (El Coronel no tiene Quien le Escriba)


Pues eso. Que el café nos bendiga -y nos espabile- a todos, incluso en esos días que parecen una sala de espera formato 24 horas, 

G*

miércoles, 21 de septiembre de 2011

La Peste del Insomnio



"Así continuaron viviendo en una realidad escurridiza, momentáneamente capturada por las palabras, pero que había de fugarse sin remedio cuando olvidaran los valores de la letra escrita."

(Gabriel García Márquez. Cien Años de Soledad)




¿Esto del insomnio es una peste de puro olvido como la que sufrió Macondo, o será que hay escasez de sueños y los pocos que hay no alcanzan para todos?


¿Hay más soñadores que sueños disponibles? ¿O quizás no se trata de una escasez generalizada, sino de un simple problema de auto abastecimiento personal? Que algunos nos pasamos tanto tiempo soñando cosas, imaginando historias y amores, que llega un momento en que por lógica se agotan las existencias...Y cuando eso pasa ¿qué se puede hacer? ¿hay algún sitio donde se pueda reponer stock? ¿cuánto cuesta esto? ¿es viable hipotecar el alma para poder seguir soñando? ¿o es preferible asumir el insomnio con lucidez y resignación?


Quizás lo que necesitamos no es un somnífero que nos atonte las ideas y nos libre de todo mal como seguramente recomendarías los más enterados, sino un antídoto contra la desesperanza, o mejor aún, un remedio como el de Aureliano Buendía, que nos ayude a espantar los estragos del olvido y la soledad a punta de palabras, aunque sólo sea un rato...

domingo, 18 de septiembre de 2011

Summertime




   Aquella mañana de septiembre el cielo amaneció blanco y las cosas parecían envueltas por un velo invisible de silencio, como si el mundo fuese un enorme juguete mecánico al que se la había acabado la cuerda de repente. Parecía que el tiempo se hubiese detenido: ni los pájaros, los coches o los abuelos hablando en la plaza quebraban la solemnidad de aquel temible aunque esperado giro que había dado la realidad a traición mientras todos dormían. Algo había cambiado y aunque ninguno de los habitantes de aquella ciudad se atrevían a decirlo en voz alta, todos reconocían en aquel manto algodonoso hecho de puras nubes la primera señal de lo inevitable. 

   Los más madrugadores fueron los primeros en ponerse en marcha. Algunos corrieron a la playa con sus niños y sus perros, negándose a asumir lo que estaba ocurriendo, y otros  -mucho más meticulosos y organizados- decidieron invertir la jornada en enfrentarse con las rebecas, jerséis, botas y calcetines que esperaban pacientemente ser utilizados desde hace meses. A mediodía la calle se llenó de chubasqueros y chaquetas, mientras algún despistado aún desfilaba en chanclas y con la toalla de playa enrollada a la cintura, tiritando de frío. Las terrazas de los bares se poblaron de un terco ejército de hombres y mujeres que desafiaba aquel cambio a punta de pura fuerza de voluntad, y los bancos de las plazas sirvieron de refugio para muchos enamorados recientes que se sentaron a mirar el cielo amenazante sobre sus cabezas, sin poderse creer que su amor -inventado hace dos días-  estaba a punto de experimentar un cambio de estación al que no sabían si serían capaces de sobrevivir. 

   Las horas fueron pasando en medio de una calma tensa y fría que todos intentaban ignorar mientras se dedicaban a sus pequeños rituales de despedida. Se improvisaron barbacoas, se limpiaron terrazas y balcones, se guardaron tumbonas y sombrillas. Se vaciaron piscinas, se cambiaron los armarios, y los maniquíes de las tiendas se vistieron con abrigo y bufanda. Se apagó la música, se retiraron carteles desteñidos y cuarteados por el sol y una alfombra de hojas secas empezó a cubrir poco a poco las calles en las que los niños ya no iban persiguiendo una pelota, sino que arrastraban una mochila llena de libros. Se desempolvaron radiadores y paraguas. Se resumieron nostalgias, se editaron recuerdos y se repasaron álbumes de fotos tomadas apenas hace unas semanas, mostrando unas imágenes que parecían venir de otro mundo y retratar a otra gente, mucho más feliz y despreocupada que aquella multitud que hoy caminaba sin rumbo, silenciosa y melancólica, sin ánimo de asumir lo que estaba a punto de pasar. 

   El desenlace de aquel día memorable llegó poco rato después de la hora de la siesta, cuando el sol logró abrirse paso en medio de las nubes y sin más, se derritió sobre el cielo. Tardó apenas unos minutos en fundirse, como un cubo de hielo, y luego, ya convertido en líquido, bajó chorreando por las paredes y los tejados para cubrirlo todo con un rocío pegajoso y dorado del que era imposible escaparse y que la gente se apresuró a recibir, dándose un baño multitudinario de luz. Daba igual que el termómetro se hubiese disparado durante aquellos benditos minutos de calor; probablemente los últimos que vivirían en muchos meses,  porque todos querían conservar sobre su piel el recuerdo de aquel epilogo en forma de chorro luminoso que hacía oficial lo que sabían desde primera hora de la mañana pero nadie quería admitir: el verano -y con él, la mejor parte de si mismos- se había terminado. 

jueves, 11 de agosto de 2011

Instant Butterflies


Porque hay momentos en los que es imprescindible tener pájaros en la cabeza y mariposas en el estómago. Y también viceversa. 


Feliz fin de semana largo y feliz cumple al Punto de G, que esta semana hizo tres años.