domingo, 30 de agosto de 2009

La Ruta de los Elefantes


La cuarentona de cuerpo orondo y ojos cansados está otra vez en la terraza del bar, justo delante del apartamento que su familia de cuatro alquila cada verano en pleno paseo marítimo.

 Como cada tarde, aprovecha mientras el marido se echa la siesta y sus hijos adolescentes retozan en la playa, para bajar -escondida- a tomarse dos cervezas y una ración de bravas. Siempre viene sola y se pasa un buen rato mirando a la gente que camina por la calle, mientras en su cabeza se arma un desfile particular de ideas escapistas que ella se encarga de espantar con otra cañita, a ver si así logra enfriar sus delirios de Houdini y vuelve a la realidad de madre preocupada, esposa amantísima  y ama de casa abnegada.

 Está enfrascada en sus pensamientos cuando algo le impide pedir la siguiente cerveza de hoy: El ir y venir tranquilo de la gente a esa hora de la tarde se ve interrumpido por el paso firme y acompasado de un elefante que camina sin prisa hacia la playa. Los transeúntes se frotan los ojos intentando convencerse que efectivamente ya se han despertado de la siesta y la cuarentona ve pasar delante de sus narices al paquidermo, que se detiene justo enfrente de su mesa y la mira con sus ojitos negros y brillantes para  luego atravesar la calle como si tal cosa.

-Pero bueno….¿y esto qué es? -pregunta sorprendida, sin quitarle ojo al animal.

-Del circo que está en el pueblo estos días -responde el camarero-  Dicen que ha aprendido a abrir la puerta del cerco en que lo tienen encerrada y cuando llega a cualquier sitio cerca del mar siempre se escapa para ir a la playa…¿qué le parece? Y que luego digan que los animales no se enteran de nada…

 Ella no responde. Mira como la enorme figura del elefante se va alejando hacia el horizonte, seguido por una multitud de curiosos que sonríen y le hacen fotos entre espantados y divertidos.  Paga la cuenta y se levanta de la mesa.

-¿No se toma otra cañita?

-No. Me están esperando desde hace rato y no me había dado cuenta que se me había hecho tan tarde -dice, echando una última mirada a la ventana del apartamento donde su marido ronca.

La mujer de cuerpo orondo y ojos felices se pone las gafas de sol y camina en dirección a la playa. Quiere despedirse del elefante.

 

2 comentarios:

felipe araujo torres dijo...

Amiga, esté me gustó pero yo le di varias interpretaciones y me intriga saber cual fue tu intención original... Eso de estarle preguntandole a los autores qué quisieron decir sé que es un fastidio, pero es algo que siempre he querido hacer... y pa uno que conozco...

A ver... ¿La cosa va más o menos en el sentido de que una mujer de mediana edad con un inofensivo y comprensible anhelo de escape de su familia, es tan raro como un elefante que va a la playa? es vista como un espectáculo circencense?...

O va más bien, por cómo una mujer en esta situación es capaz de identificarse hasta con un paquidermo surfer?

Oquizás, por otra parte, trata más bien de cómo somos capace de extrañarnos/ incapaces de compadecer situaciones similares sólo por el hecho de que los sujetos en cuestión son distintos a nostros?

tu me dirás...

keep it coming!

G dijo...

:D

Tus interpretaciones son todas correctas, básicamente porque una vez que un relato cae en manos del lector éste le termina de dar vida con las ideas que saque, y por lo menos para mí esa es parte de la magia que tiene este oficio...

Ahora, si quieres que te diga lo que yo tenía en mente exactamente, te digo que los tiros van por el lado de la similitud que hay entre la protagonista y el elefante: los dos son seres "encadenados", presos dentro de una jaula que puede estar en un circo o en el apartamento de la playa, y usados como mero entretenimiento por el público/familia...Hasta que ocurre un giro extraordinario y tanto uno como otra terminan aprendiendo a abrir la puerta de su cárcel de la que salen con ojos brillantes, aunque para el mundo esto sea motivo de asombro y risa...


Again, gracias por ser uno de los exploradores del Punto de G. It means a lot to me.