viernes, 20 de noviembre de 2009

Instrucciones para guardar un recuerdo


Un recuerdo, ya se sabe, es algo que se conserva para mantener en la memoria una circunstancia, persona o suceso determinado.

Siendo objetos de naturaleza volátil -debido a su carácter ligero y luminoso, pero también por su capacidad para volar- hay que tomar una serie de precauciones básicas antes de almacenarlos, para poder conservar intacta toda la magia que los rodea cuando aún están frescos.

  1. Examine su recuerdo. Piense que almacenarlo es un proceso costoso y delicado, que tomará trabajo. Por eso es importante una evaluación previa que determine su valía. Coja el recuerdo en la mano y obsérvelo detenidamente: ¿su aspecto es perfecto? ¿tiene buen color? Si ve que hay magulladuras, mírelas con cuidado ¿son reparables? ¿se trata de un detalle sin importancia que puede arreglarse con un poco de mimo o es un golpe serio, que desluce visiblemente?. Cuando haya terminado, haga un ejercicio de sinceridad y determine si vale la pena guardarlo o no. Si la respuesta es afirmativa, por favor, siga leyendo.
  1. Déjese llevar.Antes de entrar en la parte formal de este proceso, es recomendable que acerque la nariz al objeto de su evocación y aspire profundamente. Cierre los ojos y disfrute, pues la fragancia de un recuerdo fresco es única y -lamentablemente- también muy efímera. Aunque siga a rajatabla los consejos de esta guía, el paso del tiempo termina por afectar el olor de las remembranzas que, dependiendo de su naturaleza, puede terminar por desaparecer, cambiar de registro o incluso intensificarse. Este perfume reciente, que aún le dibuja una sonrisa en la cara -o le da ganas de llorar, eso ya depende de la variedad de recuerdo que quiera guardar- es algo que nunca más volverá a oler de la misma forma. Tómese su tiempo para disfrutarlo antes de proceder con el siguiente paso.
  1. Prepare el envoltorio. Para este tipo de objetos no valen cajas, ni bolsas plásticas o tarros de cristal. La mejor manera de mantener un recuerdo vivo es construyendo un nido personalizado hecho de palabras que lo cubran cuidadosamente. Elija bien las suyas, teniendo en cuenta que la memoria de un beso se conserva mejor si se envuelve con vocablos jugosos, de los que bailan en la boca cuando se pronuncian, mientras que un adiós requiere de una capa previa de barniz hecho con palabras prudentes y sabias, para evitar que la sal de las lágrimas secas lo deteriore y termine haciendo más daño que el que tenía en mente su protagonista cuando se despidió. Si lo suyo es un recuerdo indudablemente feliz, vaya directamente al paso No. 5. En cambio, si durante el paso No. 1 usted se encontró con insultos, contusiones o roturas de algún tipo, por favor lea atentamente el paso No. 4.
  1. Repare su recuerdo. Aunque el sentido común y la inteligencia emocional no lo recomiendan, existe en el ser humano una tendencia enfermiza a guardar malos recuerdos. En caso de haber encontrado defectos importantes en el suyo (una ruptura o un fracaso, por ejemplo) dedique el tiempo necesario para encontrar una palabra que le sirva para tapar esas imperfecciones. El objetivo es maquillar su recuerdo sin llegar a mutilarlo, porque rememorar a trozos es una trampa desaconsejable.

Presione suavemente la palabra elegida alrededor de la mancha o grieta que quiera disimular y déle forma a las acepciones con los dedos, hasta crear una capa fina y casi invisible. Si trabaja con cuidado, verá como esa frase dolorosa que alguien le dijo y que en principio era combustible para las lágrimas o causa de suicidio, termina convertido en una evocación más o menos decente, con un punto de extravagancia capaz de ahorrarle rencores o salvarle del despecho. Eso sí, tenga en cuenta dos cosas muy importantes: primero, arreglar recuerdos sin que se note requiere práctica, no espere resultados perfectos en los primeros intentos. Y segundo, tenga presente que para comprobar que ha hecho un buen trabajo deberá dejar pasar unas semanas -incluso meses- antes de usar por primera vez el recuerdo almacenado. Si transcurrido un tiempo lo toma entre las manos y vuelve a sentir ese mordisco de rabia en el pecho o le atacan las ganas de llorar, es que la grieta era muy grande o usted no supo cubrirla en condiciones. En ambos casos, recomendamos deshacerse del recuerdo, bajo el riesgo de que éste cree hongos y termine por infectar a todos las demás memorias que tenga cerca, incluso a las buenas.

  1. Cubra y deje enfriar.Una vez fabricado el nido de palabras, es el momento de cubrir el recuerdo con esmero. Corte tiras largas de imágenes que tenga en su cabeza, que abarquen la mayor cantidad de superficie posible y proceda luego a pegarlas alrededor de su remembranza, valiéndose de un pincel empapado en una mezcla líquida de nostalgia y satisfacción a partes iguales. Dependiendo de la importancia del recuerdo, recomendamos cubrir con dos, tres o hasta cuatro capas. Nunca conserve un recuerdo cubierto por una sola mano de protección, ya que se ha demostrado que es insuficiente: las memorias desprotegidas desaparecen, dejando en su lugar un montón de palabras huecas y sin valor. Cuando haya terminado de revestir, busque un sitio cálido y tranquilo en el que poner a secar sus recuerdos. Deje pasar al menos tres u cuatro semanas antes de proceder a almacenarlo definitivamente en su memoria.
  1. Sírvase al gusto. Un recuerdo bien guardado no es un capricho, sino una obra de arte que requiere ingenio y determinación. Sea cual sea la razón que lo haya llevado a conservarlo, su recuerdo es un bien único, que le acredita emocionalmente y le aporta perspectiva. Úselo con cuidado, seleccionando muy bien cuándo y con quién lo comparte. Suya es la decisión de servirlo en una copa de vino para los amigos, convertirlo en el humo de un cigarrillo solitario fumado en la terraza o regalarlo como una joya dentro de una caja con un lazo. No pierda de vista que sus recuerdos son la colección más importante que hará en su vida y lo único que llevará encima el día que ésta se termine. Ya que los ha elegido, trátelos con cariño, disfrútelos y muy importante: que su afición por ellos no le quite tiempo para producir otros nuevos. Su colección puede sufrir graves daños si usted se olvida de vivir el presente.

5 comentarios:

felipe araujo torres dijo...

esta artesanía de la rememembranza y la evocación que describes, es sin duda, una manera muy aconsejable, pero sobre todo hermosa, de describir algo muy difícil de hacer. Creo que tomaría tantos años de un entrenamiento tan concienzudo y racional que más que como artesanía podría catalogarse como ingenería del recuerdo. Es un bellísimo texto, Gaby. Si me lo permites, intentaré hacer mi versión hi-tech del asunto. Me pareció todo un tema. Felicidades.

Liz dijo...

Simplemente Brillante Gaby lo estoy compartiendo en el facebook, estoy maravilllada con tu talento, continua asi.

G dijo...

Gracias a los dos, que son protagonistas de tantos hermosos recuerdos que tengo almacenados...

Felipe, be my guest con la versión hi-tech y avísame cuando la tengas lista, para leerla.

May dijo...

Absolutamente de acuerdo con vos, con Liz y con Felipe...
De verdad que si me acerco a describir con palabras los sentimientos o sensaciones al leer(te) serían delicadeza aguda y/o entrañable sutileza mordaz.. jeje No sé, la que se las trae con las palabras sos vos mi nena..
Mucho gusto da leer(te) así..
Ya me he paseado por aquí y de lo leído antes recuerdo con cariño la historia de amor esa de la pecera..
Seguiré husmeando, tanto como me sea posible..
Besos y éxitos! (me he pedido el libro entre las cosas de navidad :)

May dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.