miércoles, 7 de septiembre de 2011

3.000 is a magic number


  

   Se dejó caer como quien no quiere la cosa. 

   Además, sospecho que llegó desde Google, y era uno de esos que se marchan decepcionados tras escribir "punto g" en la barra de búsqueda y darle al botón "I'm feeling lucky" sin saber que los caminos de Internet lo traerían hasta aquí. Puede que haya sido uno de los fieles -pocos, pero los hay- que recibió un aviso de actualización el lunes por la tarde y quiso saber más sobre "Una Chica que lee". O es probable que se tratase de uno de los lectores secretos que tengo, a los que no les gusta que se sepa que sigue un blog plagado de florecitas color rosa y textos que hablan de amor. Con un poco de suerte fue un seguidor nuevo, que aterrizó aquí siguiendo "La Ruta de los Elefantes" (que hasta ahora sigue siendo mi entrada más leída, aunque a mí me gusta más "Instrucciones para guardar un recuerdo") y luego se quedó un rato aprendiendo sobre "Electrónica Necesaria", conociendo los detalles de "La Revuelta de las Misses", descubriendo a Marina -la protagonista de "La Cita de los Jueves"- o leyendo el ultimátum de "Descerebrada". Lo cierto es que no sé quién fue ni desde cuál de los 41 países que aparecen en mi estadística de tráfico se conectó, pero el hecho es que esta semana el Punto de G alcanzó sus primeras 3.000 visitas. 

   Viniendo como vengo de un ambiente laboral online, con unos números delirantes a nivel de audiencia, de 8 cifras rotundas que ascienden cada 30 días y generan millones y millones de páginas vistas, tengo claro que este modesta suma de visitas no es mucho; pero ¿qué queréis que os diga?  para mí, que abrí este blog un agosto de hace tres años sin saber muy bien qué haría con él, es una marca importante. 

   Por aquí he festejado mi "cumpleaños español" los últimos dos octubres, he presentado y echado a volar a mis niños "Cuento Atrás" y "VerbiGràcia", y también he drenado despechos, bailado la monotonía y distraído a la angustia en momentos complicados de mi vida. Desde este  pequeño escenario he lanzado decenas de mensajes en botellas y me he adornado el cuerpo con joyas prestadas, he pintado al mundo como me gustaría que fuera y (lo más importante de todo este largo listado) he logrado conectar con gente que sintoniza con lo que escribo. No me canso de decir que ese privilegio es un regalo que me hace sentir inmensamente afortunada...

   Así que parafraseando un poco a Guille (el hermanito de Mafalda)  tengo que decir que me parece increíble todo lo que puede caber dentro de un número tan pequeñito. Y de nuevo debo dar las gracias a todos los que me han acompañado con sus visitas, incluidas las almas distraídas que siguen buscando sin mucho éxito el esquivo secreto del punto g femenino. Cuento con ellos y con vosotros para llegar a la siguiente marca ¡a por lo 4 Mil!

lunes, 5 de septiembre de 2011

Una chica que lee


El siguiente texto me llegó como un regalo y hoy quiero compartirlo como una pista, un acertijo en dos partes destinado a funcionar como aquel rastro de migas de pan que dejó Pulgarcito en el cuento para evitar perderse, solo que mi objetivo no es desandar ningún camino, todo lo contrario, lo que pretendo es ser encontrada en medio de tantas palabras suspendidas. 

Adelanto y aclaro que no son míos. Mucho ojo con esto, que sus respectivos autores están citados al principio de cada parte. Añado también que tuve la suerte de encontrarme con ellos gracias al buen hacer de una revista literaria colombiana (El Malpensante) a la que sigo a través de las redes sociales por recomendación de una lectora. Todos los créditos son suyos y espero que el compartir este material no me meta en problemas. Solo he querido pasar el testigo de un texto que me gustó mucho  y me pareció merecía algo más digno que un simple "RT" en Twitter o un "Like" en Facebook. Espero que lo disfrutéis tanto como yo. 


I


Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)
   Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.

   Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

   Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

   Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas a regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

   Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

   Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

   Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

   No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con Joyce, con Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

II





Sal con una chica que lee (Por Rosemary Urquico)

   Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

   Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

   Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

   Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de 
Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

   Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.

   Por lo menos tiene que intentarlo.

   Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.

   Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.

   ¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga 
Crepúsculo.

   Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

   Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

   Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos 
The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

   Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

  O mejor aún, a una que escriba.


(Para ti. Que sé que me sigues. G*)

sábado, 3 de septiembre de 2011

Instrucciones no incluidas dentro del empaque





"She understood that her heart operated on its own instructions, that she had no control over it or, indeed, anything else."


Jeffrey Eugenides (Middlesex)




(Un pequeño homenaje a los corazones que se saben libres y a uno de mis escritores favoritos, quien por fin publica su nueva novela - The Marriage Plot- el 11 de Octubre. Can't wait!)

miércoles, 17 de agosto de 2011

Capítulo 7



    
   Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

     Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

(Un clásico que me he permitido compartir aunque muchos nos sepamos estos dos párrafos de memoria y los hayamos repetido hasta el cansancio, creo que la magia del Gran Cronopio se siente intacta en cada palabra del Capítulo 7 - Que sirva de homenaje para todos los cíclopes que dibujan bocas llenas de flores o peces y que no temen temblar uno junto al otro, como una luna en el agua...)

jueves, 11 de agosto de 2011

Instant Butterflies


Porque hay momentos en los que es imprescindible tener pájaros en la cabeza y mariposas en el estómago. Y también viceversa. 


Feliz fin de semana largo y feliz cumple al Punto de G, que esta semana hizo tres años.

lunes, 8 de agosto de 2011

Book rules

¿Lunes Felices?



A propósito de ser lunes me puse a buscar una imagen para ilustrar el blog (sí...este gran abandonado que necesita respiración boca a boca urgentemente) y entre tropecientos JPGs de "I hate Mondays" me tropecé con esto. La primera reacción que tuve fue reírme: ¿happy Mondays? sí claro....¿quién se inventó semejante mentira? Los lunes son de resaca, de cansancio, de pereza ante el reto de los cinco días de papeleo, trámites, reuniones, obligaciones y compromisos que se tienen por delante. La sola perspectiva de un lunes por la mañana amarga la noche de los domingos. Vamos, que es un día nefasto. 


Pero es eso: un día. 


No sé sí esto le pasa a todo el mundo (sospecho que sí) pero a eso de las 15.00 ya el lunes no parece tan fatal. Es como si con cada cosa que vamos haciendo a lo largo del día pinchásemos al monstruo y de pronto ya no parece tan amenazador ni letal. Se pasa la resaca, se encaminan las gestiones, se organizan las obligaciones y con algo de suerte las reuniones salen bien o se cancelan (vale, sí...algunas veces las reuniones también se sufren y terminan por mutar, convirtiéndose en una especie de hydra que nos muerde la voluntad con sus siete cabezas. Pero esas son las menos -por suerte-) El chiste es que el lunes no es más que un mal cotidiano, reiterativo, que nos espanta con una periodicidad exacta a la que ya tendríamos que aprender a torear con cierta elegancia...sobre todo porque al fin y al cabo, un lunes es sinónimo de una nueva semana, de oportunidad,  como tener una hoja en blanco lista para empezar a escribir sobre ella, ya sea una historia diferente o la continuación de alguna que empezó varios lunes atrás. También es buen momento para editar, suprimir y directamente darle al botón de "unfollow" o "block this person" en forma real o metafórica. Los lunes todo está por hacer; y aunque precisamente por eso tienen mala fama quizás esta es la razón por la que deberían ser el día más feliz de la semana. Nada huele tanto a nuevo como un día por estrenar. 


Así que trataré de ser un poco más optimista a partir de ahora e intentaré hacer una lectura medianamente alentadora de los lunes. Y si no funciona no pasa nada. El lunes de la siguiente semana puedo volver a empezar. 


Feliz semana. 

viernes, 8 de abril de 2011

About love



Sigo dedicada al libro, pero no pude resistirme a compartir esto porque me pareció una verdad contundente. Feliz finde.

sábado, 2 de abril de 2011

G vuelve a las andadas (literarias)

He estado un poco ausente del blog durante las últimas semanas, pero esta vez ha sido por una buena causa: ¡publico libro!  

En esta oportunidad presento tres relatos en "verbiGràcia", la antología que hemos preparado los alumnos de Relato II del Aula de Escritores , que hemos formado una mini secta de siete personajes decididos a dar el salto triple mortal al mundo de la publicación bajo el nombre de Grupo Paraulata. 

Os invito a seguir nuestro blog donde iremos contando más detalles de nuestros proyectos, empezando por "verbiGràcia". Y si estáis en Barcelona, os espero el Viernes 15 de abril a las 19.00 h en El Corte Inglés de Portal del Angel, donde estaremos presentando a nuestro niño que sale a la venta esa misma noche. 

Gracias por compartir este logro conmigo. Y no lo dudéis ¡habrán mas libros en el futuro!

domingo, 20 de marzo de 2011

Primavera 0



Y ahora estoy aquí, temblando frágil en la multitud. Y la espero...



El título y la frase los escribió uno al que extraño mucho escuchar cantar otra vez (y que algunos de ustedes saben quién es y quizás también echen de menos).

Bienvenida seas primavera, en nombre de todos los que te esperábamos con la sangre alterada fuera de fecha, las ideas en fiesta y el corazón sediento de sol.




(Foto de la primera flor de la estación cortesía de Esther López)

domingo, 13 de febrero de 2011

Best things in life




...and you're one of them.

Inspiration & Co.





Cuando alguien se dedica a esto de escribir -por afición o por profesión- siempre termina cayendo en el tópico de escribir sobre la inspiración, la famosa musa, esa que cuando desaparece nos deja varados delante del paisaje desolador de la pantalla en blanco. Hay quien le dedica unas odas magníficas, que en el fondo no son más que un incrédulo agradecimiento ante la suerte de contar con su presencia, porque se sabe que cuando ella falta todo está perdido. Y están los que –irónicamente- escriben historias furibundas sobre ella, tachándola de traidora o caprichosa, en un secuencia de cuartillas despechadas que suelen ser el primer paso tras un largo período de sequía en el que juntar dos frases seguidas parece misión imposible. En esto último, yo no soy una excepción.

Sin embargo, esta no es una de esas historias. Se trata más bien de una carta abierta, una suerte de comunicado o cartel de “se busca”, porque la inspiración, esa a la que tantos males se le achacan, no trabaja sola. Y en mi caso la que está faltando no es ella sino su compañero de faena, que es aún más implacable.

A la inspiración siempre la tengo pegada al oído. No pasa un día en que no me cuente cosas. Por su culpa ando siempre con una libreta y un bolígrafo en el bolso apuntando frases sueltas de algún diálogo prometedor, rasgos y nombres que me dejan pintar a medias la cara de un personaje que no termina de ver la luz o la secuencia de una escena resumida en tres palabras fugaces garabateadas entres dos reuniones de trabajo o un viaje en el Metro. Páginas y páginas de mundos luminosos dibujados a pinceladas que la inspiración se encarga de revelarme en pequeñas dosis y en los momentos más inoportunos, justo cuando su compinche –ese del que pocos escritores se quejan- no está allí para hacer su trabajo.

Así que esta carta abierta va dirigida al cómplice de la inspiración; sí, esto que estás leyendo es contigo: ¡por favor regresa!. De nada vale tener la cabeza llena de ideas si tú no puedes regalarme un buen puñado de minutos para poder ponerlas en orden. No es posible crear sin ti y lo sabes. Hace ya mucho que no te veo y necesito que vuelvas, no sólo porque te eche de menos, sino porque tu compañera insiste en ir de la mano conmigo sin parar de hacerme sugerencias y ya la conoces, cuando está en racha es mejor aprovecharla. Lo que te pido no es desproporcionado ni requiere de tu atención exclusiva…¡ni siquiera hace falta que vengas a verme a diario! con una visita semanal tuya me conformo.

Espero que este reclamo no caiga en saco roto y que pronto escuche el timbre de casa anunciando tu regreso. No te hagas de rogar. Todos lo que hemos sufrido tu ausencia alguna vez sabemos que te vendes muy caro, hay que perseguirte, atraparte y hacer un esfuerzo titánico para defenderte y conservarte porque es muy fácil perderte entre las obligaciones del día a día. Pero es importante que sepas que estoy dispuesta a todo, fija tú las condiciones y yo me ajusto a lo que me pidas, pero vuelve de una vez por todas que la inspiración y yo te estamos esperando…

viernes, 17 de diciembre de 2010

Gracias Mr.Edwards




Ha llovido mucho desde aquello, pero "Breakfast at Tiffany's" es una historia que me sigue conmoviendo con la misma fuerza de aquella noche de zapping insomne en Maracaibo, en la que con mis 11 y desorientados años tropecé con Audrey Hepburn vestida de largo y con gafas de sol, desayunando delante del escaparate de la joyería más famosa de Nueva York.

Hay algo en Holly Golightly que me sigue atrapando y con lo que sigo conectando, gracias a la magia de un narrador que fue capaz de imaginarla (Truman Capote) y el talento de un director que tuvo la visión para trasladarla a la gran pantalla y regalarnos un personaje inolvidable: Blake Edwards.

Hoy toca despedir a éste último. Y aunque esta frase ya la compartí en FB, la dejo también por aquí, porque creo que expresa perfectamente la esencia de mi amor por Holly:

‎"I don't want to own anything until I find a place where me and things go together. I'm not sure where that is but I know what it is like. It's like Tiffany's."


Simplemente gracias, Mr.Edwards.