sábado, 11 de diciembre de 2010

Elogio de la lectura y la ficción




No puedo dejar pasar la semana sin postear el maravilloso discurso de Mario Vargas Llosa cuando (por fin) dejó de ser "el eterno candidato" y recibió su merecido Nobel de Literatura. Es largo, pero vale la pena leer cada palabra... Como apasionada de la literatura, aspirante a escritora, venezolana y mujer latinoamericana que vive y se inspira en Barcelona, este discurso simplemente me llegó al alma.

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Elogio/lectura/ficcion/elpepicul/20101208elpepicul_2/Tes

Sigamos leyendo y escribiendo. Y convirtiendo en posible lo imposible.

domingo, 31 de octubre de 2010

Witchcraft




Feliz día para todos, porque si miramos un poco hacia dentro nadie se salva de haber sido bruja alguna vez. Pero sobre todo, no hay quien se salve de haber sido embrujada. It's abracadabra time, people.

domingo, 24 de octubre de 2010

No lo dije yo




"Realmente creo que todo lo que escribo es cierto, es posible, responde a un sentimiento, a una emoción o una relación que yo he experimentado o conozco. Por eso no podría escribir, por ejemplo, una novela romántica de una niña de ojos verdes que se encuentra con un millonario en un yate, en medio del mar de una isla polinésica, porque eso nunca me ha pasado ni me pasará. Tampoco podría escribir una novela de misterio o de detectives. O una novela sobre Wall Street o sobre la codicia y el poder. Me interesa la gente. Me interesan las mujeres y las relaciones, y eso es universal..."
Isabel Allende

domingo, 10 de octubre de 2010

6x9 (seis recuerdos, nueve años después)





1. Llegar a Barajas y encontrarme con la pesadilla de una nueva moneda: la peseta. Tardé una semanas en habituarme y aprender a usarla. Y cuando finalmente le cogí el tranquillo, la condenada desapareció. En mi lista, la peseta es como un insecto molesto y de vida breve al que descubrí en octubre y olvidé por completo en enero.

Nueve años después, esta moneda es un recuerdo difuso y aveces dudo que alguna vez haya existido para mí. Puede decirse que mi vida aquí empezó con el Euro, y todo lo demás fue un mal sueño con unas monedas que me apresuré a cambiar en el primer banco que encontré apenas empezó el 2002.

2. El paseo en coche desde el Prat a mi nueva casa, con una pelirroja encantadora y resacosa que me iba explicando cosas sobre la ciudad, mientras su novio de recientísima adquisición (un chico guapísimo, con el pelo largo y unas gafas de sol 100% rock n' roll) buscaba en un callejero la ubicación de mi nueva casa. La pelirroja y yo llevábamos años sin vernos tras estudiar juntas en la universidad, pero durante mis preparativos de viaje coincidimos en el messenger y muy amablemente se ofreció a recogerme en el aeropuerto el día de mi llegada. Ella y su chico me acompañaron a dejar mis maletas y acto seguido me llevaron a comer con los compañeros de piso de él, una cuadrilla de vascos que me sirvieron un plato de lentejas acompañadas de un pollo al horno que me dejó completamente K.O. Recuerdo haber participado a medias en la sobremesa y escuchar hablar por primera vez de una ciudad llamada "Vitoria-Gasteiz". Después de un rato pedí por piedad una cama para poder echarme a dormir la siesta, y allí me quedé colapsada por el jetlag, hasta que me dejaron de vuelta en casa tras declinar amablemente de acompañarlos al festival de cine erótico de Barcelona.

Nueve años después la pelirroja es una de las hermanas que la vida ha tenido a bien regalarme. Y de paso, con el bonus de una sobrina preciosa que ocupa la mitad de mi corazón con sus manitas perfectas e idénticas a las de su papá (sí, el chico guapo de las gafas rockeras...). Por otra parte, el nombre de aquella ciudad para entonces desconocida (Vitoria) es el hogar de la que, pase lo que pase, siempre consideraré mi familia en este país.


3. Mi primera compra en el supermercado, que consistió en una barra de pan, un brick de queso crema, una bolsa de Doritos, 6 cervezas y 250 grs de jamón serrano. Mi compañera de piso (una caraqueña de vocación irrenunciable para el orden y hacer las cosas como debe ser, que ya me había explicado el funcionamiento de la casa, dónde podía poner mis cosas y qué espacio del armario y la nevera me correspondían) torció el gesto y me sentó en la sala para leerme la cartilla:
- Gabylan ¿eso es lo que vas a comer?
- Bueno, no...o no sé, sí. Es que el jamón serrano me gusta mucho...
- Y a mí. Pero en esa compra no hay carne, ni pollo. No hay verduras, no hay frutas, ni leche. No hay cereales...no hay nada sano ¡tienes que comer mejor!
- Hmmmm....pues sí. Como que tienes razón.
- ¡Claro que tengo razón! Haz una compra decente, por favor.
- OK...

Después de esto fueron muchas las veces que mi roomie fue la voz de la sabiduría y el motor de mis primeros pasos para adaptarme a Barcelona: me puso un callejero en las manos y me enseñó a ubicarme. Me llevó a IKEA a comprar un nórdico, almohadas y todo lo básico que necesitaba para montar mi habitación (que tenía un mueble verde horroroso demasiado feo para su sensibilidad de arquitecto e interiorista; recuerdo que la suya era la habitación más pequeña porque prefería tener menos espacio pero estar libre de aquel adefesio que ocupaba una pared completa y era un daño para la vista). Con ella aprendí a dejar de pasar la fregona como si fuese un pincel, a coger autobuses en vez de Metro y un par de trucos secretos para preparar EL MEJOR rissotto. Alguna vez que me vio triste me preparó unas arepitas y cuando hizo falta me pegó un necesario regaño; en pocas palabras durante un año fue lo más parecido a una madre que tuve por aquí.

Nueve años después vive al otro lado del mundo, en donde montó una familia de tres con su marido, se gana la vida haciendo una fotos preciosas y de vez en cuando todavía me regaña... por el Facebook ;-)

4. Con mi compañera de piso un día fui a la casa de una de sus amigas. Una rubia, también caraqueña, que se confesó adicta al cine la primera vez que la vi y me dio tres o cuatro consejos sinceros sobre cómo conseguir trabajo en Barcelona (confieso que después de hablar con ella me di cuenta que la cosa no sería sencilla). La rubia llevaba un maquillaje fantástico y para mí, que había llegado a Barcelona con cuatro pares de zapatos apenas por razones de peso y espacio en la maleta, fue maravilloso ver la hilera de sus zapatos con tacón de cuña que se alineaban en fila india delante de mí (nunca supe por qué, pero los tenía fuera del closet, ordenaditos por pares como soldaditos al lado de una puerta que no recuerdo bien si era la del baño...). Esa tarde yo andaba de bajón porque extrañaba a mi familia y mis amigos, pero no era cosa de ir a contarle mis penas a una gente que acababa de conocer - sin embargo conversando sobre tonterías sentada en la alfombra blanca del piso de la rubia ("Amiga ¿y cómo mantienes esto limpio?" quiso saber mi compañera de piso. "Con mucha paciencia y un cepillito", respondió la otra sin vacilar) me empecé a sentir como en casa. En algún momento de la noche, la rubia me atacó con una pregunta demoledora: "Gabriela ¿quieres un sanguchito?" "No, gracias"-le respondí. "¿Seguro? cómete uno... mira que son sanguchitos tostados como los que hacen las mamás en Venezuela" me dijo riéndose. Y con ese gancho de buen humor e ironía me ganó, porque intuí -en medio de la sorna indudable que llevaba la frase- la naturaleza generosa de esta mujer a la que le gusta espantar a la gente diciendo que ella es muy antipática y que todos la odian cuando la conocen. Puro bluff.

Nueve años después es mi otra hermana y nada que pueda escribir en este blog o fuera de él haría justicia a todo lo que le debo como amiga. Sólo diré que tuve suerte de haber aceptado aquel sanguchito y nada más, porque a esta rubia las manifestaciones públicas de emotividad la ponen muy, pero muy nerviosa...

5. Extrañaba a mis amigos que aún estaban en Venezuela. Cada cosa que iba descubriendo, cada buena fiesta a la que iba, cada detalle que me hacía querer a Barcelona me dolía casi físicamente por no poder compartirlo con ellos. No existía Facebook, ni blogger, ni nada; apenas el Messenger ofrecía una manera para comunicarse con lo que estaban lejos y yo no tenía conexión a Internet ni teléfono fijo en mi casa. Me tocó descubrir la nefasta aunque necesaria institución del locutorio, de donde llamaba cada cierto tiempo a mis padres pero rara vez a mis amigos. Recogía flyers y postales que iba juntando y enviaba cuando podía a Venezuela, acompañados de fotos y cartas larguísimas en las que explicaba colectivamente qué tal iba mi vida en Barcelona. Llegué a hacer una caricatura de mí misma en acuarelas sobre una cartulina que luego corté en tantos trozos como amigos me quedaba en Maracaibo, escribiéndoles un mensaje especial a cada uno en el dorso de cada pedazo. Luego los envié desordenados en un sobre pidiéndoles que se reunieran para leer cada uno el suyo y juntar aquella pintura como si fuese un rompecabezas. Era mi manera de sentirme parte de sus reuniones, cenas y fiestas de las que me iba enterando por email. Muchas veces era a mí a quien le llegaban paquetes firmados grupalmente, con cartas, recetas de cocina y pequeños regalos que me hacían reír como sólo ellos sabían hacerlo, dividida entre la nostalgia que me daba recordarlos y la felicidad de saberlos tan cerquita de mí a pesar de la distancia.

Nueve años después aún conservo la mayoría de aquellas cartas, pero ya no los extraño. Pero no porque ya no los quiera sino porque todos (con algunas notables excepciones) están aquí. Poco a poco todos terminaron por dejar el país también y ahora formamos una comuna de treintones con espíritu de veinteañeros, que acumula heridas, alegrías, anécdotas y una indudable historia común que ha superado mil pruebas y aún se mantiene vigente.

6. Mi primer año en Barcelona fue completamente unplugged. En el piso no teníamos tele. O sí, pero era un cacharro viejo que se veía en blanco y negro. Vista la situación y considerando mi total desconocimiento de los canales de televisión españoles y sus respectivas parrillas de programación (con la pelirroja había visto alguna vez "No Solo Música", pero aquello era de madrugada y ya ni recuerdo en qué canal) le di rienda suelta a mi ya reconocida adicción a los libros. Todas las semanas iba a FNAC y regresaba con una bolsa con dos o tres ejemplares nuevos que me servían de entretenimiento mientras el país entero veía GH o Crónicas Marcianas (lo único que lamento de esto fue que tardé bastante en encontrarme con Boris Izaguirre). Aquel fue el inicio de mi biblioteca aquí, a la que he ido incorporando volúmenes que traigo en la maleta desde Venezuela donde todavía tengo una cantidad considerable de libros que me encantaría tener conmigo aquí.

Nueve años después este vicio por la lectura sigue intacto y mucho mejor, se combina con el placer de escribir y publicar. Cuando me mudé de piso hace unos meses la mayor parte de las cajas tenían libros o zapatos y me tomó bastante tiempo conseguirles espacio en la casa y ponerlos en orden. ¿Lo mejor? sigo enganchada a ambas cosas y tanto unos (libros) como otros (zapatos) siguen aumentando de número, para mi más completa felicidad. ¿Lo peor? tendré que alquilar otro piso para que sirva de biblioteca y walk-in closet.


En resumen, nueve años después, hechas las sumas y las restas el balance es francamente positivo. Y aunque la nostalgia es un animal que merodea mi cabeza con frecuencia -sobre todo cuando pienso en mi familia- puedo decir que ya lo tengo domesticado.

Gracias, mil gracias Barcelona, a pesar de nuestras diferencias, tienes que admitir que nueve años después, soy una más de los tuyos...aunque mi corazón es y será siempre de Maracaibo.

http://www.youtube.com/watch?v=RD2U42H1AXw&feature=related

(a propósito de haberse cumplido el 6/10/2010 el noveno aniversario de G viviendo en España, en donde gracias a la canción del video la gente sabe que, en algún lugar del mundo, existe mi ciudad)

viernes, 1 de octubre de 2010

viernes, 24 de septiembre de 2010

Descifrando el Viento




Retomo el blog tras este larguísimo paréntesis con muchas de ganas de seguir contando y justo a tiempo para darle la bienvenida al otoño.

Mi plan es dejarme llevar por el viento de magia, inspiración y renovación que esta estación trae consigo, por eso comparto con vosotros unas líneas del libro "Attic of the Wind" (Doris Herold Lund) que expresa perfectamente esas ganas de dejarse llevar y buscar más allá de los límites aparentes, sobre todo al final cuando dice: "las cosas que de alguna manera has dejado escapar, no están exactamente perdidas..."



What happens to things that blow away,
Like bubbles you blew one sunny day?
Where did they all go anyway?
To the Attic of the Wind.

It's not an Attic you reach by stair--
It's past the clouds
and the stars somewhere!

Yes, the Attic of the Wind can store
All the world's lost treasure and even more...

The handkerchief you forgot to hold,
The spelling paper with the star of gold,
The picture you drew for Mother's Day,
All the things you somehow let drift away
Aren't exactly lost....


Que el viento nos bendiga y siga guardando nuestros deseos. Feliz otoño,

G*

domingo, 8 de agosto de 2010

Happy Birthdays




-¿Lugar de nacimiento?
-Maracaibo
-¿Eso dónde queda?
-En Venezuela…
-Bien. ¿En qué fecha nació?
-Eso depende…
-¿Cómo qué ‘depende’? Se nace en una fecha y punto, no hay más…¿cuál es la suya?
-Le digo que depende…¿de qué tipo de nacimiento estamos hablando? Verá, yo es que he nacido varias veces.
-No me diga...(¿por qué siempre me tocará a mí atender a los pirados?)
-Sí. Una fue el día que decidí mudarme de país y venir a éste…Eso sería 6 de octubre. Otra sería el día que se hizo oficial que me quedaba aquí y no había vuelta atrás, lo que le dio un giro definitivo a mi vida y me la partió en “antes” y “después”. Puede poner usted 7 de mayo. También habría que contar la fecha en la que me tocó hacer acopio de valentía y dar el salto triple mortal más complicado que me ha tocado dar hasta la fecha (del que todavía no termino de caer…y no sé si hay red esperándome abajo) eso fue un 16 de abril. Y puestos a entender el nacimiento como una renovación necesaria o el descubrimiento de una verdad rotunda tendría que incluir también el 30 de junio…
-Vaya. Muy bonito todo, pero yo le estoy pidiendo la fecha de nacimiento real. La que aparece en sus documentos de identidad ¿sabe? el día que vino al mundo. Para seguirle el hilo poético y porque he desayunado All Bran (lo que me convierte en una funcionaria con buen humor) digamos que me estoy refiriendo a la fecha en la que llegó este mundo cruel y se dio cuenta de lo horrible que es.
-Hmmmm. La verdad que la noto un poco pesimista para haber desayunado fibra…Además, ¿de dónde saca esas ideas? A mí no me parece que el mundo sea un lugar horrible, así que la fecha que me pide no existe, lo siento.
-La madre que la parió…
-Técnicamente no me parió. Fue una cesárea. Pero si se refiere a eso ponga 30 de mayo.
-No me estará engañando ¿no? A los locos os gusta mucho decir mentiras. A ver, muéstreme su tarjeta de identidad y acabamos con esto. Bien…30 de mayo. ¿La señorita tiene alguna fecha más que agregar a su lista de nacimientos?
-Pues ya que lo pregunta…Sí, añada agosto.
-¿Qué día de agosto? sólo por curiosidad...
-El que más rabia le dé. El 8 por ejemplo, que además tiene su gracia porque es capicúa: 8/8.
-¿Y qué noble efeméride celebramos el 8 de agosto, si se puede saber?
-Volví a nacer. Esta vez escribiendo un blog y reconciliándome con la única y verdadera pasión que tengo: escribir.


A propósito del segundo aniversario del Punto de G, que nació en agosto de 2008.

miércoles, 28 de julio de 2010

Monstruos Cotidianos



Monsters are real, and ghosts are real too. They live inside us, and sometimes, they win.

(Stephen King)

miércoles, 7 de julio de 2010

Animal


-¡Carajo! -gritó.
Amaranta, que empezaba a meter la ropa en el baúl, creyó que le había picado un alacrán.
-¡Dónde está! -preguntó alarmada.
-¿Qué?
-¡El animal!
Úrsula se puso un dedo en el corazón.
-Aquí -dijo.

(tomado de "Cien Años de Soledad", Gabriel García Márquez)

lunes, 31 de mayo de 2010

Traspaso



(foto cortesía de la mujer más glamorosa de Barcelona: E.P. Gracias guapa)

lunes, 26 de abril de 2010

Metamorfosis



metamorfosis.

(Del lat. metamorphōsis, y este del gr. μεταμόρφωσις, transformación).

1. f. Transformación de algo en otra cosa.

2. f. Mudanza que hace alguien o algo de un estado a otro, como de la avaricia a la liberalidad o de la pobreza a la riqueza.

3. f. Zool. Cambio que experimentan muchos animales durante su desarrollo, y que se manifiesta no solo en la variación de forma, sino también en las funciones y en el género de vida.

jueves, 22 de abril de 2010

Amor a las Letras



Letras
seguid cayendo
como precisa lluvia
en mi camino.
Letras de todo
lo que vive
y muere,
letras de luz, de luna,
de silencio,
de agua,
os amo,
y en vosotras
recojo
no sólo el pensamiento
y el combate,
sino vuestros vestidos,
sentidos
y sonidos:
A
de gloriosa avena,
T
de trigo y de torre
y
M
como tu nombre
de manzana.

(fragmento de la Oda a la Tipografía, Pablo Neruda)

domingo, 18 de abril de 2010

De libros y dragones



Fairy tales are more than true: not because they tell us that dragons exist, but because they tell us that dragons can be beaten.
G.K Chesterton



Feliz día de Sant Jordi adelantado para todos. Técnica aunque discretamente este es el primer año en que festejo el día del libro con algo publicado, así que el viernes pienso brindar por eso. Si estáis por Barcelona y os interesa, la antología "Cuento Atrás" se estará vendiendo el día 23 en la Plaza de la Revolución (Gràcia).

domingo, 4 de abril de 2010

Somnífero


Después de años sufriendo insomnio y soledad crónicos, aquella vez por fin logró dormirse sin pastillas. No recordaba qué había sido capaz de obrar el milagro ni a qué hora había ocurrido, pero despertó radiante en su propia habitación, con el vestido y los zapatos de la noche anterior aún puestos y el cielo descansado de su rostro surcado por pájaros de rimel negro y marcas de almohada.

Suspiró incrédula y volvió a cerrar los ojos, todavía enredada en los hilos del sueño que tanto le costaba conseguir. Sin girarse, estiró el brazo derecho por detrás de su cabeza para coger el reloj de la mesilla, preguntándose cuántas horas había dormido y si la tortura de sus noches en vela había terminado.

Entonces su mano tropezó con el hombro del somnífero, que también se había dormido con el pantalón y la camisa puestos y roncaba feliz a su lado, acaparando la mitad exacta del territorio recién explorado de su cama individual.