domingo, 13 de febrero de 2011

Inspiration & Co.


Cuando alguien se dedica a esto de escribir -por afición o por profesión- siempre termina cayendo en el tópico de escribir sobre la inspiración, la famosa musa, esa que cuando desaparece nos deja varados delante del paisaje desolador de la pantalla en blanco. Hay quien le dedica unas odas magníficas, que en el fondo no son más que un incrédulo agradecimiento ante la suerte de contar con su presencia, porque se sabe que cuando ella falta todo está perdido. Y están los que –irónicamente- escriben historias furibundas sobre ella, tachándola de traidora o caprichosa, en un secuencia de cuartillas despechadas que suelen ser el primer paso tras un largo período de sequía en el que juntar dos frases seguidas parece misión imposible. En esto último, yo no soy una excepción.

Sin embargo, esta no es una de esas historias. Se trata más bien de una carta abierta, una suerte de comunicado o cartel de “se busca”, porque la inspiración, esa a la que tantos males se le achacan, no trabaja sola. Y en mi caso la que está faltando no es ella sino su compañero de faena, que es aún más implacable.

A la inspiración siempre la tengo pegada al oído. No pasa un día en que no me cuente cosas. Por su culpa ando siempre con una libreta y un bolígrafo en el bolso apuntando frases sueltas de algún diálogo prometedor, rasgos y nombres que me dejan pintar a medias la cara de un personaje que no termina de ver la luz o la secuencia de una escena resumida en tres palabras fugaces garabateadas entres dos reuniones de trabajo o un viaje en el Metro. Páginas y páginas de mundos luminosos dibujados a pinceladas que la inspiración se encarga de revelarme en pequeñas dosis y en los momentos más inoportunos, justo cuando su compinche –ese del que pocos escritores se quejan- no está allí para hacer su trabajo.

Así que esta carta abierta va dirigida al cómplice de la inspiración; sí, esto que estás leyendo es contigo: ¡por favor regresa!. De nada vale tener la cabeza llena de ideas si tú no puedes regalarme un buen puñado de minutos para poder ponerlas en orden. No es posible crear sin ti y lo sabes. Hace ya mucho que no te veo y necesito que vuelvas, no sólo porque te eche de menos, sino porque tu compañera insiste en ir de la mano conmigo sin parar de hacerme sugerencias y ya la conoces, cuando está en racha es mejor aprovecharla. Lo que te pido no es desproporcionado ni requiere de tu atención exclusiva…¡ni siquiera hace falta que vengas a verme a diario! con una visita semanal tuya me conformo.

Espero que este reclamo no caiga en saco roto y que pronto escuche el timbre de casa anunciando tu regreso. No te hagas de rogar. Todos lo que hemos sufrido tu ausencia alguna vez sabemos que te vendes muy caro, hay que perseguirte, atraparte y hacer un esfuerzo titánico para defenderte y conservarte porque es muy fácil perderte entre las obligaciones del día a día. Pero es importante que sepas que estoy dispuesta a todo, fija tú las condiciones y yo me ajusto a lo que me pidas, pero vuelve de una vez por todas que la inspiración y yo te estamos esperando…

2 comentarios:

Jesús dijo...

Por fin!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Al final a ese compañero inseparable de la inspiración hace falta buscarlo. No viene sólo se trata de organizarse entre obligaciones, compromisos y rélax. El transporte público nos puede dar un poco de cuártel para recibirlo con las manos abiertas.
Te lo digo por experiencia se trata de organización y de prioridades. Al final verás que llega por sí mismo sin avisar.

G dijo...

¡Ha vuelto! Pero es complicado mantenerlo cerca ;-) Sin embargo aquí seguimos, tratándolo con el máximo cuidado para que no vuelva a marcharse. Gracias por esperarlo conmigo Isa, que ilusión me hace saber que sigues leyéndome.