domingo, 24 de octubre de 2010

Culebrona


A algunas mujeres os encantan los culebrones. Y sufrir. Lloráis por casi todo y tenéis un estilo afectado hasta para sonaros la nariz (me da mucha risa ver cómo os levantáis de la mesa para que nadie os vea con el kleenex, como si los mocos no fueran cosa de todos los días). Para vosotras todo es motivo para el drama y os encanta meteros en situaciones complicadas o sin salida, lo cual no deja de parecerme una muestra de ingenuidad que sería hasta graciosa, de no ser porque se trata de una tara genética que puede hacerse muy cansina.

No te ofendas por favor, te lo digo desde la perspectiva de una mujer equilibrada, progresista y sobre todo muy independiente que ya ha pasado los treinta y se ha criado en una gran ciudad, viendo Érase Una Vez el Hombre o los documentales de La 2 en vez de Leonela o Los Ricos También Lloran. La única bruja que conocí en mi infancia fue Avería, porque en mi biblioteca no habían cuentos de hadas, yo leía cosas de contenido y clásicos juveniles, quizás por eso escribo desde pequeña (cosa que me encargo de decirle a todo el mundo, porque me interesa que se entienda que ante todo soy una mujer inteligente) En mis textos siempre hablo de cosas serias: politoxicómanos, la guerra civil, trapicheos de barrio, putas, parados, lucha de clases…En fin, la vida real. No me obsesiona el amor, como a ti.

Tuve la suerte de nunca ver telenovelas ni leí nada de chic lit ¡qué horror! Supe qué era “Cristal” por mi abuela, pobrecita, que se quedó enganchada con esa historia inverosímil de infidelidades y niñas pobres abandonadas delante de la puerta de un convento por una madre engañada y víctima de un mal amor. Qué basura de argumento. Lo conozco, sí, pero porque me lo contó mi abuela, no es que yo lo haya visto ¿eh? Ya sabes que yo soy una mujer seria y sin pájaros en la cabeza.

Pero tú no, tú siempre piensas en el amor. Muy probablemente nadie te lo haya dicho antes por educación, pero lamento informarte que aburres un poco escribiendo todo el tiempo sobre hombres, familia o amigos. Siempre erre que erre con el mismo hilo: los sentimientos. Y repito, no te ofendas, pero la verdad es que ese tipo de historias en las que siempre hay una carga emotiva explotando por un lado o por el otro no se venden bien. Digo, que es más que probable que una novela mía llegue antes que una tuya a las estanterías de una librería, porque yo no como ni vendo tonterías ¿sabes? Mis protas viven la vida y son independientes, pasan de los hombres y hablan sobre cosas interesantes como los males de la sociedad, la filosofía o el feminismo, sus vidas sentimentales son el fondo pero no el argumento de sus historias. Supongo que sí, que se parecen un poco a mí. Aunque no quiero que esto se interprete como que no tengo sentimientos, yo también me enamoro claro, como todas las mujeres, sólo que llevo las cosas de otra manera menos, no sé cómo llamarlo…digamos que menos tercermundista.

¡A ti te consta que me enamoro! Conoces mi historia con Miguel, a quien estuve bastante unida aunque ya eso dejó de ser (no me gusta usar la palabra “terminar”) sin embargo aquí me ves, no lloro ni me quedo estancada en su recuerdo. Me imagino que para tu estándar nuestra relación fue un poco extraña, porque no éramos “novios” o “pareja” como a ti te gusta decir ¡Qué tontería más grande pensar así! A ver, que él dormía conmigo día sí y día también y mi madre llegó a conocerlo porque cuando venía a verme Miguel estaba por casa. Luego alguna vez me tocó ir a su piso en fin de semana y algún domingo coincidí con su madre, que de tanto verme terminó por cogerme cariño. Siempre me felicitó para mi cumpleaños y me ponía un cubierto en la mesa para cenar en Navidad durante los tres años que estuvimos saliendo. Como bien sabes, yo no me hablo con mi padre desde hace siglos (cuando dejó a mi madre por otra) y por eso en casa nunca nos reunimos en familia, mucho menos para esas fiestas inspiradas en la religión a mí me dan tanta caspa, pero en fin, que ya que la madre de Miguel insistía tanto yo iba cada Nochebuena a cenar con ellos. Y me daban mis regalillos, que siempre viene bien.

Con Miguel claro que nunca hubo nada serio. Fue duradero, pero no serio. Nos conocimos como se conoce la gente en la vida real, sin música de fondo ni ojitos brillantes. Él era el folli-amigo de mi mejor amiga (la Merche, sí…es la misma que estuvo liada con Jose, el profe de Pilates y también con Albert, mi compañero del curro con el que me he dado un par de besos en alguna cena de empresa) y siempre coincidíamos los dos cuando salíamos de marcha con la pandilla. Fue cuestión de tiempo hasta que Miguel y yo congeniáramos y creo que eso a Merche no le hizo mucha gracia, pero qué quieres que te diga, no se puede ser tan apegado en esta vida, yo no hice nada malo. Miguel es un hombre y yo una mujer así que ¿por qué no? No hay que darle tantas vueltas, Merche y él llevaban casi un año saliendo juntos pero eso no era nada formal, ella se tiraba a otros tíos también. Hay que desdramatizar las situaciones. Yo no le he quitado el novio a nadie, aunque las mentes complicadas como la tuya lo puedan interpretar así.

De todas maneras con Miguel ya sabes que se enfrió todo hace meses. Algunas veces cuando salgo con Ernesto me lo cruzo por el barrio y creo que se siente francamente incómodo al vernos porque ni me saluda. ¡No sé por qué! Tampoco es que el hecho de que él me haya presentado a Ernesto el día del cumpleaños de su abuelita (al que fui obligada, porque la yaya soplaba 98 velas y me supo mal faltar) sea para tomárselo a pecho. Sí, vale…la madre de Ernesto es la hermana del padre de Miguel, pero qué mas da. La gente es que le hace demasiado caso a los vínculos familiares. A mí por ejemplo no me importa saber que mientras Miguel estuvo conmigo se acostó con mi prima Esther. O con mi amiga Montse. Bueno…no es que no me importe del todo, pero no me amarga ¿sabes? Dejé de hablarle a Esther que era una de las pocas personas de mi familia aparte de mi madre con las que mantenía contacto, y con Montse las cosas nunca han vuelto a ser las mismas, pero en serio a mí estos detalles no me importan. La vida es así.

Aunque también te digo algo: no estoy muy segura de hacia donde va mi relación con Ernesto (“relación”…pffff…la verdad es que no debería llamarlo así pero no se me ocurre otra palabra para usar). Ya te conté el otro día que su mujer vino a verme y me soltó un discurso sobre su matrimonio y que dentro de dos meses nace su tercer hijo y yo que sé cosas más. Esa chica está desequilibrada. No es que yo tenga prejuicios, pero es que así sois muchas mujeres…¿por qué no lleva todo esto con seriedad y asume la situación? Si Ernesto no quiere seguir con ella, pues no quiere y punto. ¿Para que prolongar la agonía? Hay que tener un poco de dignidad, digo yo.

Pero lo que te decía, no sé a dónde vamos Ernesto y yo. Es que me he dado cuenta que es muy celoso; quizás por eso terminó casándose con esa chica medio loca, capaz de venir a mi casa hipando del llanto y sosteniéndose la tripa con las dos manos como si llevase una sandía debajo de la camiseta. Creo que las cursis lleváis mejor eso del machismo….Porque a ver, a mí no me cabe en la cabeza que Ernesto quiera estar conmigo en todo momento ¡Qué agobio por favor! La otra noche ya lo viste, estaba empeñado en venir con nosotras a la fiesta de Iván ¿para qué? ¿para vigilarme? Oye, que si me quiero liar con Iván voy a hacerlo, esté o no Ernesto cerca. Me parece absurdo que me persiga. Lo dicho, que es un machista. A ti seguro que te encantaría. Serías capaz de seguir con un hombre aunque tenga mil defectos sólo por no quedarte sola. Yo no haría eso jamás. Si desde que me conoces me has visto siempre con uno u otro hombre es por pura casualidad, yo soy muy independiente, eso de los apegos no va conmigo.

Ah sí, Iván. Ya sé…estáis saliendo juntos. Yo cumplo con decirte las cosas con sinceridad, porque no me gustan las mediatintas. Ya te conté que hace unas semanas cuando te fuiste a casa con dolor de cabeza después de la cena estuvimos tonteando. Es inevitable, ya sabes que siempre hemos tenido una energía muy rara entre los dos y le conoces, es un donjuán. Te metiste con él sabiendo a lo que te exponías, así que estaría bastante fuera de lugar que me reclames algo. Yo lo siento, de verdad me caes bien tía, pero no puedes apegarte así a la gente. Y menos con un tipo así, que ya sabes de qué va. Yo que tú viviría un poco más la vida, no llores por él, no vale la pena.

En fin, que me he desviado del tema. Intentaba explicar que a algunas mujeres os gustan demasiado las historias enrevesadas, tendrías que ser menos emocional. Vives metida en un lío perenne, con eso de llamar “novio” a un chico sólo porque tiene sus cosas en tu casa y pagáis el alquiler a medias o porque os vais de vacaciones juntos y os decís “te quiero”. Me pareces una chica maja (aunque llevas tacón, maquillaje y escote, pero eso es herencia de tu pensamiento machista – ya aprenderás a no ser el objeto sexual de ningún hombre) y estarías mejor si dejaras de involucrarte tanto. Seguramente ver tanta telenovela durante tu infancia te afectó para siempre. Mírame a mí, yo nunca las vi y llevo una vida tranquila, sin pollos. Deberías cambiar el chip y ser más como yo, más normal, aunque ya sé que no me harás caso, porque haceros entender esto a las mujeres como tú es imposible. Creo sinceramente que debe ser un tema cultural ¡os encanta vivir metidas en un culebrón sudamericano..!

3 comentarios:

Joan Villora dijo...

Bueno, bonita, por si no ha quedado claro…
¡Iván es MÍO, pava de los cojones!
(sugerencia para el final)

"Me ha gustado mucho tu relato"
(que si, que queda muy natural y no me rechina ni una palabra)

P.D. Joder! que largooo!

Joan

G dijo...

¡Qué de tiempo sin saber de usted, Don Joan! - JAJAJAJA, lo de "Iván es mío" habría sido frase clásica de telenovela, y ya se sabe, la protagonista del monólogo es una mujer seria, directa y sobre todo, muy, muy independiente... ;-)

Jesús dijo...

Me hace gracia este relato justo después de leer la referencia de Isabel Allende.
No he podido más que esbozar una sonrisa más de una vez y ver que de nuevo sorprendes y vas más allá.
Simplemente me encanta.