lunes, 22 de marzo de 2010

Bala Perdida


El disparo partió en dos el aire de la habitación para terminar su recorrido en la cabeza del hombre moreno y repeinado, al que no le dio tiempo a borrar su expresión de sorpresa antes de ser despachado al otro mundo.

“Uy, lo siento cariño” -dijo ella mientras guardaba la pistola y dirigía una sonrisa a su infiel y atónita pareja, que temblaba medio desnuda sobre la cama revuelta intentando sin éxito subirse la cremallera de la espalda- “no era mi intención dejar manchas de este idiota en el vestido nuevo que te regalé”.

(escrito a cuatro manos entre G y R.A - que sea la primera de muchas)


4 comentarios:

G dijo...

Bien. No suelo hacer estas cosas, pero en vista de las airadas y discutidas reacciones que generaron las humildes SEIS líneas de este micro relato en la clase de anoche, he decidido sustituir el post por una nueva versión, en la que he incorporado las correcciones que tan encarecidamente me hicieran mis compañeros y por supuesto mi siempre ilustre profesor.

Sabía que algo fallaba a nivel de vocabulario y agradezco enormemente las observaciones gramaticales que me ayudaron a limpiar la historia y hacerla más comprensible. Sin embargo, no puedo resistirme a contar lo que creo fue la anécdota curiosa de la noche: en un auditorio 100% masculino (soy la única mujer de la clase) todos creyeron que la amante por defecto tenía que ser de ÉL. Les costó entender que el triángulo lo cerraba una relación chica-chica (¡vaya por Dios!) y no sólo eso, tampoco les pareció verosímil que en un arranque de celos tras pillarla en la cama con otro, la asesina se lo cargue a él y no a ella. ¡Mis amorosos compis manifestaron que la traidora amante, pillada in fraganti, era la que merecía morir!. Yo les dije que las mujeres no funcionamos así, que en una situación como esta despacharíamos alegremente a la competencia y no al objeto de nuestros deseos, pero este grupo de simpáticos (y falocentricos) críticos insiste en que no. Vamos, que son partidarios de salvar al hombre y cargarse a la tía, justamente al revés de cómo yo lo hice.

Quien tenga una opinión sobre el desenlace siéntase libre de emitirla: ¿quién debía morir? ¿la infiel o su amante? Me encantaría saber que pensáis... ;)

Jesús dijo...

Los hombres son simples por naturaleza. Cómo matar a tu pareja si el que se ha metido por medio era él. Ha aprovechado un momento de debilidad, se ha aprovechado de quizá un momento de duda, de soledad, de... No tiene perdón él debe morir. A ella somos capaces de perdonarla pero a él...
En mi faceta de mujer hetero creo que me es más fácil perdonar a mi marido ante un desliz que perdonar a la cerda sin escrúpulos que ha sido capaz de meterse en medio. Con él puedo hablar y perdonarle pero a ella. Aunque en el perdón hacia él, ¿no está también el perdón hacia mi mismapor no haber sido capaz de darle lo que ha encontrado en otra?
Sin lugar a dudas, el amante debe morir pues nuestro ego nos impide ver culplable a aquel que hemos elevado a la categoría de Dios por los misterios del Amor.
Espero que te sea de ayuda y tus felocentricos compañeros sean capaces de entender.
Un abrazo,

Isabel María

G dijo...

Gracias Isa! aparte de ti, otras mujeres me han hecho saber a través del mail y conversando conmigo que efectivamente se cargarían a la rival. Creo que es un tema de ser más práctica y menos ególatras que nuestros queridos (aunque básicos) hombres ;)

eSadElBlOg dijo...

ah Gabi, yo no estaba en aquella clase de hombres, que no son hombres de "esa clase", pero, con una única lectura atropellada -que hoy me estoy poniendo un poco al día en tiu blog y algún otro- yo he entendido perfectamente que han matado al marido. La pregunta que me surge a mí es, de verdad las pilla por sorpresa o lo estaban esperando?