miércoles, 11 de noviembre de 2009

Lady B


Todo comenzó el día que me vieron escribir venganza con “b”.

Yo era muy joven y todavía inexperta en las vicisitudes del lenguaje escrito, a la par de distraída y extremadamente torpe en el uso del teclado QWERTY, sin embargo, eso no me impedía vivir una historia de amor desenfrenada con las palabras. Las adoraba. Quería apropiarme de ellas y hacerlas hablar por mí para que contasen todas esas historias que habitaban mi mente desde que tenía capacidad de memoria.  A raíz de esta locura, me dediqué a participar en cuanto taller o concurso literario aparecía por mi camino, sin importarme la cantidad de horas lectivas ofrecidas o la calidad del premio en juego. Sólo me interesaba poder  entregarme largas horas delante del ordenador a darle paso tipográfico a todo aquel universo que pujaba por salir de mi cerebro y amenazaba con hacer estallar mi cabeza. 

Lastimosamente, mis manos y mis ojos no tenían el mismo ritmo frenético que mi imaginación desbocada, y durante una de esas jornadas de trance literario uno de mis dedos (probablemente el índice) se escapó de su destino original de “uve” para aterrizar sin paracaídas en el territorio inhóspito de su vecina la “be”. El texto iba de ajustar una deuda de amor pendiente y  enganchada como estaba a la historia de mi protagonista y su más que merecida vindicación, no reparé -ni siquiera al imprimir- en el pequeño cadáver ortográfico que había producido mi atentado dactilar. “Venganza” había desaparecido y una vergonzosa “benganza” ocupaba su lugar, para mi posterior mortificación y humillación pública.

Después de aquella tarde trágica en la que repartí copias de mi historia para leer en clase, me convertí en el hazmerreír de mis profesores y compañeros de taller. Uno de ellos incluso llegó al punto de citarme delante de otros cursos como ejemplo de malas prácticas y analfabetismo funcional. Los muy cabrones se divirtieron de lo lindo con mi accidente y hasta se atrevieron a ponerme un mote: Lady B. Durante meses se dedicaron a trastocar la ortografía  y a construir auténticas piruetas con su vocabulario con el único fin de tocarme las narices. 

-Qué, Lady B…¿”bamos” a bebernos unas birras de barril?

-”Benga” Lady B, “beamos” de qué “ba” tu relato de hoy… 

De tanto repetir la historia de "con B de bendetta” terminé por convertirme en una leyenda negra de las letras a la que nadie tomaba en serio, hasta el punto en el que tuve que abandonar la escuela y renunciar a los concursos, condenada al más profundo y angustioso ostracismo literario. Aquel error acabó con mis sueños editoriales. Pero no con mi inspiración. Movida por un odio visceral, juré encontrar la manera de vengarme con muy mala uve de todos aquellos escritores arrogantes  que se habían burlado tan cruelmente de mí. Y lo conseguí.  

Tras años rompiéndome la cabeza pensando y probando ideas sin éxito, finalmente el azar me puso delante una oportunidad casi demasiado buena para ser cierta.

Ocurrió un día en el que conversaba con un amigo -abogado y especialista en derecho de autor- y éste me comentó la existencia de un vacío legal que me permitía registrar a mi nombre cualquier letra del abecedario. Al escuchar aquello no lo dudé ni dos segundos.

-Rafael, ¿estás seguro?...¿puedo comprar una letra, como si fuera un concurso de la tele? -le dije, mientras mi imaginación se disparaba.

-Técnicamente sí -respondió él- Creo que nadie lo ha hecho antes porque no parece posible ni lógico, pero legalmente no hay nada que te lo impida…

Así que dos días y un par de firmas más tarde teníamos un trato cerrado, previo desembolso de los ahorros de toda mi vida y el compromiso de pagarle a mi amigo el 15% de los ingresos generados durante el primer año…El trámite fue tan sencillo que parecía una broma, pero no. Salí del registro con un bonito certificado que acreditaba mi poder sobre las palabras que se escriben con “be larga”, también conocida como “be alta” o “be labial”. Me convertí en su dueña oficial. El documento señalaba además que mis derechos abarcaban las variables mayúsculas y minúsculas, aunque esto se aplicaba únicamente en el idioma Español. Recuerdo que guardé el papel en mi bolso y me llevé a mi amigo a tomar una copa para celebrar. Sabía que aquello marcaría el inicio de una larga y satisfactoria carrera reivindicativa en la que podía asestar magníficos derechazos al lugar más sensible de la anatomía de los escritores, después de su ego: el bolsillo.

Años después puedo decir que me he hecho billonaria cobrando los royalties que corresponden cada vez que esta gente escribe palabras como bolero, balcón, barato, beso o belleza. Ha sido el negocio de mi vida, aunque en la carrera contra los autores también me he ganado el odio y las amenazas continuas de colectivos muy potentes como las madres con bebés, las bailarinas de ballet, los bisexuales, los biólogos o las rubias de bote. Eso, por no dar detalles del acoso constante al que me someten los activistas de todas la vida, los mismos que piden salvar a las ballenas o los búfalos. Gracias a ellos ahora tengo que llevar escolta.

Pero qué puedo decir, a mí esas bobadas no me asustan. Sigo adelante,  apuntando todo en mi bitácora de ángel exterminador, mientras calibro si extender mi bonopolio a otros idiomas, empezando por el Catalán y el Inglés.

Me consta que el ayuntamiento de Barcelona me teme y pide negociar conmigo por adelantado, alertado por bonaerenses y bogotanos que ya han tenido que incluirme como concepto fijo  en la declaración de su renta municipal. También he sabido que en varios puntos de la geografía anglosajona se han dado reuniones nerviosas de académicos y lingüistas, aterrados ante las posibilidades de mi expansión alfabética si llegase a adueñarme del verbo “to be”. 

Yo paso. Todo esto no son más que banalidades. Bullshit. Nada podrá impedir que dentro de poco los anglofonos que pretendan escribir sobre  bugs o bikes  le hagan compañía a sus colegas hispanoparlantes aficionados a bichos y bicis en la fila del banco, con su correspondiente formulario de tasa ortográfica en la mano (la banca... esa institución que también me rinde un generoso beneficio al final de cada mes). “Be careful with her!”  titulan asustados los escritores de habla Inglesa, mientras yo los leo pensando que pronto se acabará ese relajo de estar advirtiendo gratis y terminarán pagándome derechos hasta para despedirse...Bye bye baby. Todo el capítulo "B" del Oxford y el Merriam Webster estará en mis manos, desde Balloon hasta Bypass, pasando por Border, Business y Bitch ¡Qué delicia!...Es que hasta insultarme les saldrá caro. 

 Es gracias a este cambio de fortuna que ahora me sobra el tiempo para hacer lo que me gusta. Así que he decidido volver a aporrear el teclado y escribir letra a letra el camino de mi regreso triunfal al mundo de la narrativa. Siento de nuevo los nervios previos al trance delante de la pantalla en blanco, las manos temblorosas y la vista perdida imaginando la historia que va a terminar volcada sobre el papel. Decido que mi primer relato será autobiográfico y me dejo llevar por los primeros compases de la música mental que viene a susurrarme el título:  “Venganza Abasalladora”. Sin freno, como en mi juventud, comienzo a escribir llena de satisfacción, mientras pienso que nadie más volverá a llamarme Lady B por culpa de un dedo mal mandado o distraído...

Esta burla bilingüe se la dedico a mi amigo Marcos, quien me enseñó una gran frase:

“Un error de ortografía es igual de grave que un mal polvo

 

5 comentarios:

Sonia dijo...

jajajaja... cómo me he reído! Menuda Benganza con B la tuya! Muy ingenioso!

Joan Villora dijo...

"B de Bendetta"

¡Os Bais a enterá!

Muy fluido y encarrilado.

Geniales las frases de los simpáticos compañeros

¡Nos bemos!

Joan

G dijo...

JAJAJAJA Gracias Sonia y Joan, la verdad es que a raíz de este relato se ha generado un debate de lo más interesante en el que hemos terminado hablando hasta de la temida ESE-GE-A-E ;)

Tengo un amigo que dice que él se compraría la primera letra de su nombre y un par más, entre ellas la P, ya que así obligaría a los partidos políticos a ser más cautos y dar menos por saco.

Yo desde luego ya sabéis qué letra compraría si esto se pudiera hacer... ;)

felipe araujo torres dijo...

lo creí real como hasta la mitad! Me parecía verosímil, absurdo pero muy probable, lo cual es grandioso! Muy ingenioso! lo he disfrutado... le dejo a cambio a lady B, en honor a nuestro juego legendario, un botín por cobrar...

Bahía,bacanal:Benditas beldades brazileñas bailaban bossanova bebiendo bacardi. Buenmozos batuqueros batían boquiabiertos brazos bailarines. Baila! Bella! bájate! berreaban beligerantes bizcos babosos buscando beneficiarse bonitas baby´s borrachas. bueno, bueno, basta! basta!
hasta aqui me dio el cacumen
felipe

G dijo...

Lady B te va a vaciar la cuenta cuando lea esto ;)

No sabes cómo me acordé de "Popy produce películas pornográficas" " y "Dos duraznos divertidos" cuando escribí esto...jajajaja...¡good old times, por favor!