viernes, 24 de julio de 2009

Una ciudad llamada Olvido


We held each other tightly through our hell of dreams…

(fragmento de ‘Love Among the Ruins’)

Aquella era una ciudad extraña. Caminar por sus calles oscuras producía un efecto triste en el alma, que le hacía recordar todas las penas acumuladas a lo largo de su vida. Los únicos sonidos que escuchaba eran el pitido inconfundible del silencio absoluto metido en sus oídos, acompañado por el rumor de una lluvia invisible, que le mojaba el pelo con gotas que parecían lagrimas, como si el cielo estuviera por fin llorando todas sus angustias.

Hacía un frío que no se le metía en los huesos, sino que le iba dando mordiscos helados. Y la neblina, que envolvía todo como un manto de gasa, aumentaba la sensación de desamparo que invadía el corazón de todos los que ponían pie en aquella tierra de ruinas y sueños rotos. Ella no sabía exactamente que hacía allí ni cómo había llegado a ese lugar, sólo sabía que  tenía una cita con alguien.

Caminó sin rumbo entre los edificios desolados, contemplando con curiosidad el revoltijo de estilos arquitectónicos que se mezclaban en lo que hubiera podido ser un festín para cualquier entendido en la materia, de no haber sido por el frío y el aire de espera resignada que invadía cada rincón.

“Esto parece un funeral” pensó, mientras se frotaba instintivamente los brazos en busca de un poco de calor. Su cita, quien quiera que fuera, no daba señales de aparecer, pero ella no se impacientó. Algo le decía que no tenía sentido perder la calma en un lugar como aquel, así que decidió proseguir su solitario paseo y explorar un poco las construcciones que bordeaban aquellas calles húmedas por el beso perpetuo de la lluvia invisible.

Nunca había estado en un sitio así. Catedrales góticas se erguían codo a codo con edificios art nouveau y castillos medievales, todos pulcramente alineados en manzanas simétricas, cuadradas y perfectas, lo que hacía aún más curiosa aquella mezcla imposible de técnicas, materiales y formas en las que se podía leer el curso de la historia del mundo…

Edificios orientales de cornisas curvas decoradas con dragones amenazantes, humildes chozas de barro y paja, suntuosos palacetes franceses de puertas anchas y templos griegos con enormes columnas se iban presentando ante sus ojos. Cada edificación parecía estar gritando en silencio las pasiones que se vivieron en su interior hace quién sabe cuántos años y el halo invisible de aquellas historias sin narrar le helaban la sangre. Empezó a pensar en marcharse, cuando una imagen inconfundible de concreto y cristal apareció frente a ella al doblar una esquina de aquella urbe silente y desconocida.

Ahogó un grito de sorpresa. Eran las Torres Gemelas. Las mismas que había visto arder y caer por televisión como un castillo de naipes hace poco menos de un año. Las torres. Las famosas torres que habían desencadenado el horror en el mundo con sus millares de muertos, tras las embestidas impensables de dos aviones comerciales cargados de civiles. Las de las fotos en Internet mostrando a pobres desesperados en el momento de dar un salto mortal y definitivo hacia el vacío. Las de la ahora llamada Zona Cero. Las que nadie, por la razón que fuera, podía olvidar.

Miró incrédula lo que tenía ante sus ojos. Las Torres Gemelas estaban allí, intactas, inmaculadamente limpias y sin un rasguño, como recién construidas, con el mismo aire de altiva elegancia con el que probablemente las vio su creador al momento de imaginarlas por primera vez. Ella nunca las había visitado cuando existían, jamás había estado en Nueva York y ahora las dos estaban a su entera disposición para explorarlas hasta el cansancio, montar en sus ascensores, caminar por sus pasillos, recorrer sus escaleras infinitas y mirar por sus miles de ventanas de cristales lisos como espejos. Allí no había absolutamente nadie para impedírselo. Y tampoco para acompañarla. Se dio cuenta que estaba totalmente sola en un cementerio de edificios.

La idea recorrió su espalda entumecida en forma de lento escalofrío. Tuvo miedo. Quien quiera que la hubiera citado en un sitio tan siniestro como aquel estaba loco de atar y tenía un pésimo sentido del humor. “Me voy” dijo en voz alta, para que su amigo invisible la escuchara, aunque las ganas de subir al mirador del último piso de uno de aquellos cadáveres arquitectónicos le fascinaba.

 “No te vayas. Yo subo contigo” dijo una voz masculina. Ella lo reconoció incluso antes de que la sombra que le hablaba desde el otro lado de la calle terminara de acercarse. Era él. Difícilmente dejaría de reconocer el sonido ligeramente agudo de aquella voz, a pesar de que habían pasado seis meses desde que la había escuchado por última vez.

“¿Qué haces aquí?” quiso saber ella, aunque era una pregunta estéril. Era obvio que quien la había citado era él. De alguna manera se las había ingeniado para llamarla y hacerla llegar a aquel moridero de concreto en el que se encontraban juntos ahora. “Pensé que te gustaría ver las Torres...Recuerdo que dijiste que el peor pecado de tu vida era no haber contemplado Nueva York desde su azotea” respondió él con tono burlón,  saliendo de la oscuridad. Vestía únicamente  los boxers descoloridos con los que dormía cuando hacía mucho calor. Aquel hombre estaba desquiciado, no cabía duda…mira que pasearse públicamente en ropa interior…

“A estas alturas ya deberías saber que ese no es precisamente mi peor pecado...” refunfuño ella, aunque sabía de antemano que pelear con él no serviría de nada, pues tenía la batalla perdida. Sabía que iba a subir al mirador. Siempre terminaba haciendo todo lo que él proponía. Siempre.

 “Pues si. En eso tienes razón, cariño” le sonrió él mientras le daba el brazo en señal de invitación, “¿me permite el honor de acompañarla, mademoiselle?”.

 Descarado, esto es lo que era él. Se quedó observándolo unos segundos, sopesando su respuesta. Por alguna extraña razón, en ese momento ella solo lograba recordar con su corazón...Y su corazón tenía memoria selectiva, de esa que borra los malos recuerdos y se concentra solo en los buenos. Cuando no habían muchos de éstos últimos, sospechaba que su corazón se los inventaba, porque no existía un ex novio al que le hubiera podido tener rencor eternamente. Le parecía un compromiso difícil y tedioso después de un tiempo: El odio era un demonio caro de mantener.

“Muy bien, subamos” aceptó ella y caminó despacio a través de la puerta en dirección a los ascensores operados por energías invisibles. Tardaron una eternidad en subir, con la sensación de estar atrapados en una secuencia en cámara lenta, como para una película muda.

Sus ojos y los de él apenas se encontraban, pues estaban fijos en el indicador luminoso del ascensor, pero el apretón fuerte y real en su mano, lo único cálido que había sentido en muchas horas, la hacían sentirse protegida. Pensó en las muchas veces que deseó tenerlo cogido así, sin hablar, sin protagonizar uno de aquellos duelos verbales de los que siempre salía herida de muerte, solo dejando que sus manos se tocaran y se dijeran todo sin cruzar palabras. Este era el hombre que ella siempre había anhelado. Una alegría líquida empezó a correrle por las venas mientras intentaba atrapar ese momento único en su memoria. Comenzó a sentirse injustificadamente feliz.

Llegaron a su destino y salieron a disfrutar de las vistas a pesar del frío. Fue una visión inesperada…Abajo, no se veían las luces intermitentes de la Gran Manzana, sino el paisaje gris y desamparado de los edificios muertos. Notó como la culpa le pellizcaba el alma y la felicidad del ascensor comenzó a esfumarse; le parecía inapropiado sonreír en un lugar así.

Él repartía sus miradas entre las construcciones fantasmas que los rodeaban y la pequeña figura que tiritaba a su lado. De vez en cuando, ella también lo miraba.

“¿Cómo puedes usar tus boxers en un clima como éste?, seguro te vas resfriar...” le regañó, en un intento por disimular la tristeza que se le estaba colando en el ánimo

“¿Qué dices? Yo me puedo resfriar, ¿eh?... ¿y tú no?” - respondió él riendo

“Nunca viajo en pijama” - arremetió ella con rapidez

“Pues si es así..¡parece que por fin logré compartir contigo una primera vez en algo!” exclamó irónico, mientras le señalaba su cuerpo, apenas cubierto con un camisón blanco de tirantes. “Vas casi en bolas, cariño. Como yo”

Ella se miró. A través de la fina capa de pequeñas flores azules podía adivinar sus senos desnudos, el contorno de sus muslos, la línea de sus piernas perezosas para el ejercicio que acababan en diez dedos con uñas perfectamente limadas y pintadas de rojo. Iba descalza, con el cabello enredado y podía contemplarse a si misma desde lejos. Comprendió que estaba soñando.

Suspiró con resignación. Él tenía la manía de meterse en sus sueños cada vez que le daba la gana. Ignoraba cómo, pero parecía tener la llave para entrar y salir de su mente a voluntad. Y siempre lo hacía con un propósito claro: discutir, hablar, hacer el amor, reír. Nunca se iba con las manos vacías de aquellas excursiones por las arenas desconocidas de su maltrecho subconsciente. Se preguntó de qué se trataba esta vez.

“Tengo algo que decirte”, la dijo él. Allí estaba el motivo. La raíz de aquel episodio que comenzaba a emanar el olor inconfundible de las pesadillas…

“Muy bien. ¿Qué será esta vez?” quiso saber ella, con plena conciencia de las implicaciones que traía su interrogante. Sabia que estaba abriendo la caja de Pandora y que muy pronto los males de su mundo quedarían libres.

“Quería contarte que tengo novia” anunció, y sus palabras escaparon como pájaros negros para perderse en la noche interminable de aquel sitio, tras aletear nerviosamente ante los ojos de ella, que empezaban a llenarse de agua…

Y entonces no hubo más conversación y la cara ancha y pecosa de él desapareció de su vista. No hubo más edificios inexistentes que mirar desde aquella azotea para sonámbulos y la mano tibia que la sujetaba se transformó en un nudo de sábanas de algodón bien apretado en su puño. Para bajar hasta el terreno conocido de su cama ella no necesitó tomar el ascensor de vuelta, simplemente despertó.

No quiso meditar mucho sobre lo que acababa de vivir. Precisamente por eso, porque no lo había vivido. Sus sueños no eran ningún mundo paralelo,  simplemente eran el entretenimiento para que dormir no se hiciera tan aburrido. Nada más.

Se levantó y cumplió con su rutina usual antes de irse al trabajo. Esta era la realidad.

Al llegar al despacho encendió el ordenador y abrió su buzón de correo electrónico. Cuatro mensajes nuevos. Uno de ellos remitido por él:

“Hola cariño,

He sabido por medio de tus amigas que te encuentras bien. Me alegra saber que te has adaptado tan bien a tu nueva vida en una ciudad desconocida. Siempre he creído que eres una mujer valiente...¡Aunque también muy llorona!

En Semana Santa fui a Perú y finalmente subí a Macchu Picchu, es una lástima que nunca lográramos hacer la Ruta del Inca juntos, se que es un paisaje que te gustaría mucho. Trata de ir algún día.

Te escribo esta nota mientras espero a mis alumnos. Faltan pocos minutos para que lleguen, así que debo acabar pronto: Quería decirte que conocí a una mujer. Estamos juntos desde hace dos meses y hasta ahora todo va bien. Quizás me ha llegado el momento ese del que tanto hablabas (seriedad, compromiso…ya me entiendes). Sólo quería decirte que soy feliz.

La próxima vez prometo enviarte las fotos que tomé en mi viaje por las montañas peruanas. Insisto en que debes verlas personalmente alguna vez. Hay algo profundamente conmovedor en esa ciudad olvidada, parece que las piedras te hablaran. En fin, ya sabes como me gusta visitar edificios en ruinas…me acompañaste en mis paseos más de una vez.

Cuídate mucho por favor y si puedes escríbeme de vuelta. Muchos besos.”

3 comentarios:

felipe araujo torres dijo...

touchy subject indeed! creo que revisitar lo que siempre se quiso pero nunca se llego a hacer con alguien que ya no está sin duda sería como caminar desnudo por un sueño frío, entre edificios que fueron hermosos e importantes pero que ya no existen...

Me gustó mucho como estaba escrito, me llevaste de la mano, así como fue llevada la protagonista desde el inicio del sueño hasta la vigilia siguiente... y creo que vas encontrando una manera cada vez más sencilla pero eficaz de describir sensorialmente los ambientes. Creo tambien que en términos de ritmo, es de los mejores que he leído por ti. Este lo encontré más ágil que los anteriores, deteniéndose, sin embargo, en donde hacia falta para contar algo muy relevante...

No obstante, (y se que esto es algo muy intencional que haces, por que detestas la encriptación de los mensajes...) a veces quisiera que me dejaras más cosas por descubrir... Unas muy pequeñas....O simplemente dejar unas cosas sin vincular expliç
icitamente... Por por poner un ejemplo: que en este cuento hubieses abierto con la carta... después me echas el cuento del sueño... y después retomas justo en el momento de leer mail si es que quieres cerrar la historia completamente... No se, quizás dejarme a mi como lector la satisfacción, de ir recogiendo paralelismos entre una parte y la otra de la historia, ir casando al autor de la carta con su versión onírica... osea, que ese deleite que en este caso explota todo en el punto final(cuando me explicas que o quien motiva estos sueños premonitorios) sea quizás menos intenso pero paulatino a lo largo de todo el relato...

Pero claro, esto es una opción taaaan personal... I beg you not to take it as criticism, sólo como humilde opinión de lector, como escritor sabes que me quito el sombrero ante tus talentos... y si me atrevo a decrite estas cosas es meramente intentando apuntalarlos!

un beso...

G dijo...

Gracias por el comentario Felipe :) Este cuento en concreto tiene historia y me lo pensé mucho antes de publicarlo, porque lo escribí hace varios años...Creo que mi 'estilo' ha evolucionado desde entonces y no descarto hacer una revisión dentro de unos meses. I'll keep your suggestion in my notebook, en serio.

Qué bueno saberte entre los visitantes del Punto de G. Y sobre todo saber que te gusta lo que encuentras por aquí, aunque algunas veces sea el tour por una ciudad de pesadilla como esta.

Un abrazo muy grande...

felipe araujo torres dijo...

Always in for a gerat story! My pleasure! It was nothing like a nightmare, dont´t you worry. Fortunatelly it lacked the anguish and despair that turn a bad dream into a proper horrible nightmare! It was more like a gloomy melancholic feeling!