domingo, 12 de julio de 2009

After Party


Son las seis de la mañana de un domingo de verano. El cielo se empieza a vestir de celeste, pero aún tiene trazos de noche, como si alguien hubiese intentado mantener la oscuridad un rato más usando un pincel sucio, manchándolo de gris aquí y allá. 

Apenas hay tráfico. Algunos coches circulan con las luces puestas, junto al primer autobús de la ruta diurna. De un lado de la plaza, un grupo de chavales busca bronca y uno de ellos se quita la camisa y hace un gesto amenazador…Sus compañeros no le animan a seguir peleando, le calman y lo llevan andando hasta la boca del metro. Ya es muy tarde para liarse a ostias tío,  mejor vamos a casa.

Del otro lado de la acera un chico con vaqueros y camisa blanca estudia la calle con atención. Detrás de él, a cierta distancia, camina con dificultad una chica despeinada, con minifalda y tacones. 

-      Espera un poco…me duelen los pies…

-      Es igual, anda…siéntate un poco mientras te pillo un taxi

-      ¿No vienes conmigo a mi casa?

-      No

Ella lo mira resignada y no le responde. Se acomoda como puede en uno de los portales, tratando de no pegarle el culo directamente al sucio escalón. Se estira la faldita y extiende las piernas.

-      ¿Te queda algo de tabaco?

-      No

-      Quiero fumar…¿por qué no nos acercamos a un bar aquí cerca y compramos una cajetilla? Así aprovechamos y desayunamos algo, me ha entrado hambre…

-      Estoy cansado, mejor te pillo un taxi, ¿vale?

La chica desiste. Apoya la cara en los nudillos y mira al chico que se ha arrimado a una de las farolas de la calle. La luz que cae sobre él es espesa, casi líquida. Todos hemos visto esa luz….Hay una canción que la define acertadamente como ‘mañana eléctrica’, porque en esos amaneceres prestados después de una noche sin dormir hay algo extraño flotando en el ambiente…una especie de fuerza que eriza la piel y lo carga todo de una energía invisible y poderosa, muy similar a la electricidad.

-      Oye…

-      ¿Qué?

-      Me gustaría volver a verte…

-      Ya…y a mi

Pero él le responde sin mirarla, tiene la vista fija en la calle y está serio; quizás es verdad que está cansado y no lo culpa, después de las acrobacias que han improvisado en uno de los lavabos de la fiesta que acaban de abandonar.

Un ruido de pájaros y una mancha gris que cae sobre el pavimento rompen el silencio incómodo en el que se han metido. La chica se  estira para mirar qué pasa y ve que lo que cayó sobre la calle es una paloma herida. Le ha dado caza una gaviota que, tras lastimarla de muerte,  ha volado sobre sus cabezas para posarse en la farola.

Dos segundos después la luz cambia. Las farolas de la calle comienzan a apagarse de una en una, en un parpadeo sincronizado perfectamente, como un ballet radiante. El sol ya regresa a cumplir sus funciones y esas luciérnagas metálicas de patas largas dejan de hacer falta, al igual que esos amores fugaces, como estrellas, que sólo brillan en la oscuridad de la noche.

Por fin aparece un taxi y el chico corre a pararlo. La chica se levanta con torpeza y se sacude la falda mientras camina en su dirección. Se despiden sin más ceremonia que un beso largo que el taxista mira por el retrovisor.

El chico se queda mirando el taxi mientras se aleja y saca un arrugado paquete de tabaco del bolsillo de sus pantalones. Enciende el único cigarrillo que le queda y se dirige a la boca del metro. No ve las farolas, que parecen hacerse invisibles cuando se apagan por las mañanas, mientras esperan que la oscuridad vuelva a hacerlas necesarias.

En el taxi, la chica se recuesta sobre el espaldar y mira el cielo que se va abriendo sobre ella, cada vez más azul.

 (Amanecer cortesía del balcón de Lele + el ojo de Vivi - Gracias niñas). 

4 comentarios:

Lu dijo...

G, me gusta tu blog. El nombre, la estética y el contenido. Sigue adelante y no hagas como otras que se han quedado en el aparato...besos

G dijo...

Gracias Lu - Ha costado hacerse al hábito de actualizar semanalmente, pero creo que vale la pena. Un besote y espero seguir viéndote por aquí.

eSadElBlOg dijo...

pero esos amores que ya no hacen falta cuando se hace de día tambien son necesarios. Casi tanto como el último cigarrillo de camino a casa.

G dijo...

ese cigarrillo que algún amor fugaz prefiere no compartir...